lunes, 22 de agosto de 2016

Dios Justicia es

En Sueño Profético hablaban de tres hechos de cuando Dios vivió de Hombre.

Dijo uno:

Yo presencié tal prodigio, que me costó estar unos días sin acudir a la faena que yo en el campo tenía, porque mi cuerpo quedó aplomado. Llegó uno un día a mi casa –que yo algún tiempo conocía– y me preguntó:

   –Oye, ¿quisieras acompañarme a ir a casa de José el Carpintero? Pues van muchos a buscar a su Hijo por los prodigios que está haciendo, y yo tengo un lío gordo con el recaudador, y él pronto le verá el arreglo.

   –Yo si quieres te acompaño, pero él no está para eso.

Emprendieron el caminar y lo vieron a lo lejos.

   –Esperemos a que pase, y ya le preguntaremos.

Viéndolos tan parados, se fue el Maestro hacia ellos y les dijo:

   –Ya sé a lo que vienes, y esto es sin remedio, aquí no emplea el Poder mi Padre que está en el Cielo. Tu tributo tiene que ser entregado como el primero, y si éste ya te ofende, mi Padre que está en el Cielo no ve al recaudador como tú lo estás viendo.

No esperaba éste oír así al Maestro, y le contestó muy frío:

   –¿¡Y yo he venido para esto...!?

   –Ve –le dijo el Maestro– y siega aquel trozo de campo que las espigas están en el suelo, y llévate quien te ayude, y ve preparando el granero, que tienes recolección que asustará a este pueblo.

Esto fue en el mes de enero, pero no al final..., no, a lo primero. Cuando se cundió en el pueblo, todos fueron al sembrado. Hubo quien cogió a su hijo, que hacía tiempo había enfermado, y le pasaba las espigas, quedando éste ya curado.

Dijo uno que llegó:

Había quien aseguraba que en las espigas veía a Dios. Tan sólo uno esto dijo, y fue en contra de Dios:

   –Yo no muelo este trigo en mi molino, el trigo de ese prodigio que ha hecho Ese que dice que es Dios.

No terminó de decirlo y quedó el hombre sin voz.

Desperté, oí:

Ni amaba ni creía.

Si creía sin amar,
muele el trigo en su molino,
y al molerlo, ama ya.

¿Qué necesitaba ver
el dueño de este molino
para este trigo moler?

¡Sin en enero había espigas,
no al final, sino a primero!

¡Y el que las espigas tocaba,
de su mal ya se limpiaba!

¡Y con un medio terreno,
éste llenó tres graneros!

Todos decían: ¡Maestro,
Tú eres Dios de Allí del Cielo!

Dios quiso que su Poder
lo vieran no en el tributo,
que esto sería un deber.

No pidas a Dios justicia,
porque Dios Justicia es.
Pídele que te des cuenta
de lo que tienes que hacer.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C7