miércoles, 17 de agosto de 2016

Los cinco

En Sueño Profético contaban unas escenas ocurridas yendo con Dios del Cielo hecho Hombre en la Tierra.

Dijo uno:

Un día llegué con uno de sus Discípulos al sitio que esperaba el Maestro a cuatro de sus Discípulos para explicarles el llenar que en cada uno llenarían sus Palabras. Fue llegar, y dijo uno de sus Discípulos:

   –Maestro, ya ha subido el número para oír tu Enseñanza.

Pues habíamos cinco, conmigo, que no éramos de los Doce. Terminó el Discípulo y dijo el Maestro:

   –Son doce los que hay más para oírme esta Enseñanza. Pues Yo la doy para los cinco, que son a los que les hace falta.

Y continuó diciendo:

   –El que vaya a oír hablar de mi Gloria a otro que no sea el Dueño y pueda oírme a Mí, poco le llenarán mis Palabras. Y si no le llenan las dichas por el mismo Dueño de Palabras y Gloria, ¿cómo le van a llenar los que hablen de mi Padre, de mi Reino y de Dios, que en Presencia os está hablando? Ya, ellos están en contra de Mí, cuando no os mandan a oírme y ellos no vienen los primeros. Ellos Me conocen a Mí y no quieren venir a que Yo les hable de mi Reino. Buscar lo que ellos digan de Mí, es hacer que la balanza baje con su desprecio. Después de que ya no Me veáis de Carne, porque a mi Espíritu lo sigue mi Cuerpo, buscad al que más viva mi semejanza.

Fue el Maestro a empezar a andar, y en medio de aquel silencio que palabras cruzaban las miradas, dijo uno:

   –Cierto es, que vamos a oír a otro hombre que no es Dios como Tú, porque su ira ayer la descargó.

Y terminó diciendo el Maestro:

   –Con el Hijo del Hombre yo mandé, que lo que sus sentidos pensaran lo dijera su lengua, y que vosotros vinierais para comparar mis Palabras con mi Enseñanza y mi Ejemplo.

Desperté, oí:

Tres oían al Maestro.
Y luego iban a oír
hablar del Padre
que está en el Cielo.

Del Padre del mismo Dios
que allí vivía con ellos.

Dio el Maestro la Enseñanza
sin Discípulos saberlo.

Les hizo comparaciones
de comer o estar comiendo.

De haberte quedado con ganas
o quedarte satisfecho.

De decir: “yo tengo hambre”,
siendo del majar, el dueño.

Los dos que no conocían
las Palabras del Maestro,
se ofrecen sin condiciones
a lo que diga su Dueño.

Los dos hincan las rodillas,
y tres la mirada al Cielo.

La clase fue para los cinco,
y los Doce aprendieron.


***

Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - C4