miércoles, 24 de agosto de 2016

Cuando en ti resuena su Voz

En Sueño Profético hablaba Teresa de Ávila. Contestaba a preguntas que le hacían:

¿Se puede callar a Dios
cuando vives con materia
y en ti resuena su Voz?

Dijo Teresa:

Esto es lo que el hombre intenta
cuando alguien, ahí en la Tierra,
dice: “yo veo cosas del Cielo;
yo me acuesto para dormir,
y ya que estoy durmiendo,
Dios me habla desde Allí,
o es que me lleva al Cielo”.
Esto es lo que le oyes
a uno que ve algo de esto,
de esto que su palabra
es la Gloria, o puede ser Dios viviendo;
también el Reino de Dios
o la Casa del Supremo;
el Recinto que Dios tiene
para juzgar a los muertos,
porque a los Vivos de Dios,
Dios los juzga Aquí en su Reino,
por dejar la Libertad
y con Amor ir siguiendo
a este Dios, que sin mandar,
haces lo que Él te está viendo,
y Aquí ya quedas juzgada,
sin meterte con los muertos,
que muertos están ahí
aunque tengan movimiento.

No sabe nadie el sufrir,
cuando tienes un éxtasis
y lo tienes que cundir.

Desperté, oí:

No sabe nadie el sufrir,
porque la mayor condena
es tener que decir:
“sí, yo guardaré obediencia”.

Este “sí” no me salía
con palabras de la Tierra.
Este “sí” yo lo decía
sin guardarles obediencia.

Estaba diciendo sí,
y pensando la respuesta
que Dios me decía a mí.

Más de una vez Le oí:
“¿No estás viendo Teresa,
que falta Amor hacía Mí?”
.

Ya dejaba mi obediencia
y empezaba el discutir
con los hombres de la Tierra.

Si ves a Dios, no lo callas,
porque si callas Visión,
tu espíritu estaba muerto
para esta Gloria de Dios.

Dios se hace ver en los vivos,
para que hablen de Dios.

¡Ay Dios, que tienes espinas
por no quitarlas el Amor,
el Amor que le falta al hombre
porque en Dios nunca creyó!

No puedes decir “no veo”,
cuando estés viendo a este Dios.
No puedes decir “me callo”,
cuando Él coja tu voz.
Tienes que decir: “Arrobo”,
Palabra que ha dicho Dios.

¡Ay Arrobo, que te llevas
lo que el hombre mandar quiere!

¡Ay Arrobo, que encarcelas
lo que tú luego devuelves!,
que devuelves para enseñar
a aquél que menos Te quiere.

Es pena de sufrimiento,
de llorar y de condena,
que el hombre viva por Dios,
y el hombre a Dios no quiera.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - C7