sábado, 9 de junio de 2012

Amar es respetar

En Sueño Profético decían:

Amar es respetar. El amar es primero que el respetar. Si dices “yo amo a Dios”, ya respetas este Amor. Y si dices “yo respeto a Dios”, es porque no amas a Dios.

Dijo uno:

Amando, todo lo harás bien, porque Dios guiará tu espíritu, porque Dios será tu Balanza.

Amando, buscas donde hacer Servicio a Dios.

Amando, Él te manda, porque tú quisiste Mando, Mando del Reino de Dios.

Hay personas que ves claro que están mandadas por Dios.

Los Elegidos por Dios –y ofrecidos antes éstos a Dios–, ves que en mayoría de sus actos son Mando del Cielo, Mando que acepta el que actúa, aunque a Dios no Lo esté viendo.

Ya llega la intimidad de saber cuándo Dios manda o cuándo deja mandar.

El que Dios deja con Poderes para hablar de Aquí, de todo lo que ha sido por Dios enseñado, a éste no puede ninguno que tenga estudios superiores corregirle un Palabra. El intentar quitar una para poner otra, es enano queriendo alcanzar al gigante, sin escalera; anciano, querer ganarle al zagalón la carrera.

Las contestaciones y respuestas están esperando Aquí que son dichas en otra lengua.

Dijo otro:

El que quiera saber si es Dios,
que repase estas Libretas,
y antes de tres Mensajes,
seguro que a Dios se encuentra.

Esto no es escrito del hombre,
esto se ve son sentencias.

Desperté, oí:

Es decir sí al no,
y querer cambiar las cuentas,
poniendo el número dos,
y decir esto es ochenta.

Es querer que Dios conteste
antes que seas juzgado.

Es quedarte al descubierto,
si antes has dicho: “Yo he amado”.

El que lea estas Libretas,
si antes ha maltratado,
tiene que decir: ¡Dios mío!,
¿por qué no me has "castigao"?

Es más que remordimiento
el pensar que le vendrá
al que no haya querido
que salga a la claridad.

Que salga a la claridad
lo que Dios tiene mandado,
que tienen que publicar.

El Amor guarda respeto,
como dice al empezar,
y el respeto es cambiado
amando cada día más.

No pongas aquí el respeto,
porque te falta el amar.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 160-161