sábado, 22 de septiembre de 2012

Cómo hablar, seguir y defender las Palabras de Dios

En sueño Profético decían:

Hoy enseñan en la Gloria cómo tienes que hablar de Dios, cómo seguirlo y cómo defender sus Palabras.

Dijo uno:

Estas tres actuaciones son dichas sin palabras: Si haces lo que Él manda, ya vas hablando de Dios, y siempre estarás siguiéndolo para que Él te mande; y la defensa a sus palabras es la mejor defensa, es no tener intimidad con quien desprecia al Elegido que va cumpliendo un Mandato que en esta Gloria fue dicho. Para todo esto no hacen falta ni palabras ni sonido.

Dijo uno:

Yo, Discípulo de Jesús, presencié un día al Maestro dar una Enseñanza que hoy Aquí digo:

Estábamos a la orilla del mar y llegaron unos a hablarle al Maestro mal de uno de sus Discípulos, el cual no estaba delante. Viendo el Maestro el Amor de uno y la persecución del otro, dijo el Maestro:

   –Felipe cumplió mis Palabras sin palabras, y tú querías que hablara a quien no Me quiere a Mí y espera mi Crucifixión. Tú querías las Palabras mías dichas por Felipe, para que los que allí estaban revocaran las Palabras de Felipe mías y envueltas con el Amor que Felipe les da. Tú le preguntaste, y él se fue cuando te vio con quien no Me ama. Él sí te habló, pero tu falta de Amor no lo entendió. Él no Me ha dicho nada, y tú vienes a ponerlo en mal lugar, porque no crees soy Dios hecho Hombre.

Y terminó con estas Palabras:

   –Al que Yo le doy Vida Eterna, no puede oír palabras que vayan en contra de Mí, porque mi Padre es donde da más despreció.

Desperté, oí:

Felipe llegó con Palabras del Maestro, pero vio que lo esperaban otros que iban en contra de su Maestro.

Hace un saludo corto, y pasos largos se oyen.

Todos de pie se pusieron con intención de llamarlo.

Pero el grande fariseo los detiene razonando: “mañana yo busco al Maestro” –esto fue dicho enrabiado.

Y el Maestro lo supo todo por Felipe contado.

Esta Enseñanza te sirve si cumples este Mandato.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 80-81-82