miércoles, 12 de septiembre de 2012

En forma de relámpago

Me acosté muy cansada, pues estuve todo el día leyendo, y más bien a gente nueva, pero a grupos de seis o siete. Y me quedé dormida pensando: “¡Qué pena!, que podría ser al mismo tiempo enterar a muchos, y ¡cuántos ya no pecarían!”.

En Sueño Profético decían:

Dios Hijo, siempre que hablaba, se iba al campo. Su Figura destacaba en la montaña. Turnaba el campo con la sinagoga. Nunca hablaba para media docena. Tenía pocos que Lo seguían diciéndole: “Maestro, yo quiero ser tu Discípulo”. Aquí sí hablaba a pocos, pero era para enseñar, porque los más no querían. Pero Él, para hablar lo que en Él decía el Padre, esto siempre reunía a muchos, para que todos Lo oyeran, y ya, el que quería, decía: “Maestro, yo quiero ser tu Discípulo”. Así nadie podía decir: “yo no he oído hablar al Maestro”. El que no acudía, no era por no saber ni por falta de sitio.

La Palabra de Dios tiene que ser dicha como la buena semilla –en gran cantidad de terreno y que éste sea fértil–, y su cosecha será en grande ganancia su recolección. Si la semilla es buena y el terreno es poco, pocos se benefician y poca ganancia es.

El Profeta es hablar a centenares a la vez, y caminar por caminos distintos, a fin de que el Mensaje sea cundido y practicado. Dios no coge un Lugar para que unos pocos lo adoren. Dios habla en un Lugar, y su Palabra, quiere sea cundida en forma de relámpago, manera de dejar cundido todo –cuando hable en el Lugar– antes de que este espíritu abandone la materia y ya es un espíritu más de esta Gloria, quedando al servicio de Dios para comunicarse en otro Lugar que Dios habite, cuando Él quiera y el Padre lo mande, que todo es un solo Dios.

Desperté, oí:

Estas Palabras eran de Dios Hijo: “Si más Me oyen, más saben de mi Gloria, más aprenden, más enseñan y menos se condenan”.

Él quería que en todos los sitios del mundo se hablara del Mesías: Dios que vendría a vivir de Hombre y entre los hombres.

Mucho tiempo antes de su Venida, se anunció por los Profetas, Lugar que el Padre cogía en el hombre.

Y ya, este Lugar cogía la preferencia de Profeta, quedando su nombre después de Profeta.

Era más frecuente decir: el Profeta Elías; que Elías, el Profeta.

El nombre era puesto por el hombre. Profeta era puesto por Dios Padre.

Si no dejas de oír al Lugar, cada día aprenderás más.


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Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 131-132-133