jueves, 20 de septiembre de 2012

Todo lo que va del Cielo tiene el mismo Sello

En Sueño Profético decían:

No hay Premio mayor, que poder saber de esta Gloria. El que desprecie este Premio, desprecia a Dios. El que no adora, no ama. Y el que ama, ya adora.

Hay palabras que dice el hombre, que se contradicen. Pongamos primero ésta: “Yo creo en Dios, y para mí Dios es lo primero”. ¿Cómo debería ser su reacción ante un Elegido por Dios?: cualquiera, menos la indiferencia. Y como cumplido para otro que esté oyendo desmerecer a este Lugar comparándolo con la falsedad de la Tierra, para quererle poner defectos, –que los defectos que ponen son los Dones que Dios le da–, ¿cómo decir estos hombres: “Yo amo a Dios”? No puedes decir a una madre, que la quieres, cuando no abras la puerta a su hijo que aún depende del mayor por ser niño. Esto es lo que hace el hombre con Dios: Dios manda a su Hijo, y Lo mata el hombre, y dice el hombre, que quiere al Padre. Dios manda su Palabra, siempre dicha, para la Salvación del hombre: el hombre la desprecia y dice: ¡Dios mío!

Dice uno:

En esta actitud fue cuando Dios Hombre tuvo que descubrir, llamándoles: “Hipócritas, hombres peligrosos que guardáis veneno y engañáis al inocente, id adonde os conozcan, que os sacarán los ojos por ser vuestros mismos demonios”. Estas Palabras tuvo Dios Hijo que decirlas a los hipócritas y fariseos.

Desperté, oí:

Dios conocía, como Dios, a todos los hombres.

Los dejó en Libertad, y luego los clasificó cuando vio que querían destruir a Dios.

Hablaban del Padre llenos de hipocresía y apedreaban al Hijo.

Hacían adoración mirando al Cielo y preparaban los martirios para Él, que estaba en la Tierra, que era el mismo del Cielo.

¡Poco eran las Palabras que les decía el Maestro!

El que cree en Dios, no puede darle desprecio a las Palabras del Padre, que el mismo Dios decía en el suelo.

Todo lo que va del Cielo lo tienes que conocer por llevar su mismo Sello.

Yo te voy a describir, para que sepas conocerlo:

Aquel que veas del brazo del hambriento y del enfermo.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 176-177-178