lunes, 31 de agosto de 2015

Petición al Maestro

En Sueño Profético vi el campo y uno dijo:

En esta bajada, de este cerro, dio el Maestro una Enseñanza. Una mujer salió a su encuentro para decirle que si lo que ella pedía no era de su Enseñanza ella retiraba la petición que al Padre le pedía, por no ir en su busca para hablar de aquel horroroso pecado y de la petición que hacía, que también era de horror el pensarla.

Esta mujer tenía tres hijos y uno de ellos tenía medio cuerpo paralizado. El marido vivía con una mujer que era más mala de instintos que de ramera. Su petición a Dios Padre era ésta:

     - Padre de todos los hombres, oye a mis hijos en mis palabras, que esta mujer piense el destrozo que ha hecho en mi casa. Que se sienta víbora y acudan a su pensamiento y a su vista culebras y víboras odiando al padre de mis hijos, que son inocentes al sufrimiento.

Todos oímos a esta mujer y todos oímos al Maestro cuando dijo:

     - Mujer, tu petición está bien pedida porque antes que para ti, pides para tus hijos. Y Yo, en el Nombre de mi Padre, que habita en Mí, te digo que ya está viendo víboras y serpientes y le nombrarán, en esta vida y en la Eterna, como hija del Diablo y perseguidora de lo que Yo, en el Nombre de mi Padre, enseño. Que persigue a uno cuando dos quieren ser uno.

Desperté, oí:

Esta mujer busca al Maestro por si pecaba en la petición que al Padre hacía.

Y Él le concede el Milagro de que no se le quitara de la vista, a aquella mujer, víboras y culebras andando, en pago a lo que hacía.

Cuando el marido vuelve a su casa ella la petición olvida.

El Maestro allí enseñó al que pedir no sabía.

Ella pedía en Amor y al pecado maldecía.

Ya no pensaba en su daño, del sufrir que ella tenía.

Pensaba en otras casas que el mismo sufrir tenía.


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Libro 65 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo V