jueves, 7 de enero de 2016

Amor sin cansancio

Me acosté diciendo:

¡Cuánto trabajo, Señor! Mañana tienes también que ayudarme. Yo sola no puedo –y quedé dormida con el rosario apretado en la mano, hasta que desperté. 

En Sueño Profético decían:

En este “tienes también que ayudarme”, se ve claro el pedir, cuando te manda Dios con su Palabra. Si Dios no te manda las fuerzas, no puedes seguir la Enseñanza. El cuerpo, cuando se cansa por el trabajo, pide descanso y apartarse de todo, para recuperarse. Al que Dios le manda, siente pronto descanso, cuando Dios más le manda. Cuando cuenta sus trabajos, entonces es cuando descansa; cuando ha cumplido todo, sin valorar las distancias. Cuando uno es más humilde, parece que más le cansa, pero no es la materia, le cansa el pensar: ¡Qué pensará éste!

Dijo uno:

Es que, es sufrir, ver el mal en carne enferma, y oír pedir recursos materiales sin poder ayudar al sufrir. Por eso Dios siempre da el remedio al que Amor a Dios le tiene, y le da para que lleve el remedio material; y para el que esto ya tiene, la liberación del espíritu, que es el cometido de estos Elegidos: liberar al espíritu –cuando quiere ser liberado– del ofrecimiento que le hace la Condenación.

Desperté, oí:

Hoy pondrás en el Dictado tus palabras últimas, las de antes de hacer Dios el arrobo.

Así podrán comparar el espíritu en arrobo, con el espíritu con carne.

Son tan grandes estas Enseñanza, que sin Amor no las comprendes.

¡Cómo te aclara el cansancio,
y cómo enseña el descanso!

¡Cómo te enseña a pedir,
dándolo por recibido!

Es el Amor sin cansancio,
el Amor del Elegido.

Es el Amor que no duerme,
cuando todo está dormido.

Es cansancio que no llega,
por ir Dios en el camino.

Si algún día estás cansado,
busca el sufrir del amigo,
y notarás el descanso
viendo a Dios en el camino.


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Libro 7 - Investigaciones la Verdad - Tomo I - C3