viernes, 1 de enero de 2016

Aprende del que está enseñado por Dios

En Sueño Profético hablaban dos mujeres.

Dijo una:

¡Cómo se aprende al lado del que está enseñado por Dios! ¡Con qué sencillez te aclara lo que tú no puedes desliar!

Dijo uno:

Estas dos mujeres tenían amistad con Felipe, el Discípulo de Dios Hombre, Maestro de toda la Enseñanza de espíritu y materia. Pero Él enseña al espíritu, y éste ya enseña a la materia. Estas dos mujeres no hacían nada sin consultar a Felipe, al que gran amistad le unía a toda la familia. Un día, estando ellas diciendo cómo se notaría el que estuviera poseído por los demonios, vieron a Felipe que a larga distancia venía con el Maestro y
cuatro más.

Dijo una de estas mujeres:

   –¿A quién se lo preguntamos, a él o al Maestro?

Contestación de la otra:

   –Yo, si no se lo pregunto a Él, mi disgusto me queda. ¡Pero yo no me veo al lado del Maestro hasta que más lo quiera!

Esta mujer tuvo algún nublado en su vida anterior, y el trato de Felipe le hacía vivir vida santa, pero ella aún veía el peso del mal que hizo, más cantidad de mal que de bien estaba haciendo, y esperaba nivelar para tener trato con el Maestro.

Ya llegan, se paran, y no habla Felipe, habla el Maestro:

   –Lo que quieras saber, pregunta, y te daré respuesta.

Como empezó a llorar, los sollozos le impedían las palabras, y Dios le dice:

   –Conocerás al endemoniado, porque se le cambiará la cara más, cuando le hablen de Mí, que cuando le hablen de mi Padre. Aunque Yo soy el Mismo Dios. Pero a mi Padre no lo tiene presente como tiene al Hijo, con contacto de Espíritu y Carne.

Desperté, oí:

Dios mismo te dice, que siendo el Mismo, no es el Mismo para el Hombre.

Dios en Espíritu, no era ver a Dios de Carne.       

Al Padre lo tenía lejos, el que no amaba.

Al Hijo lo tenía delante el que lo quería, y el que no, quedaría al descubierto.

Aquí te lo aclara este Dictado.

El trato de Felipe en aquella familia, quita de pecar.

A este arrepentimiento lo va purificando el Amor, hasta quedar transparente.

Ella, quería que bajara la balanza, con Amor. Y Dios, a ella, le quita el peso.

Aprende de estas Palabras dichas por el Mismo Dios.

Que la carne que te habla siendo vista por Dios, fijo a la Gloria te manda.

El demonio irá buscando la forma de retirarte de donde Dios se encuentre hablando.

Pero siempre hay un Felipe, que Dios lo manda enseñando.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C3