miércoles, 27 de enero de 2016

Sus Palabras no tienen precio

En Sueño Profético hablaban de Dios Hombre. Decían:

El que con Él vivió, veía en sus Palabras y Respuestas que era Dios. ¡Cuántas veces referíamos las Palabras que uno le obligó a que le dijera!

Estando un día el Maestro hablando en la sinagoga, cuando ya terminó, se acercó uno y le dijo:

   –Tu eres judío, y tus Palabras las cobras a buen precio, según me ha dicho un samaritano.

Quedó el Maestro sin dar paso, y poniendo la Mano y Brazo hacía arriba, dijo estas Palabras:

   –Si no sabes quién Soy, mal dichas son tus palabras. Y si sabes quién Soy, te has presentado como un fariseo.

   –Mi Padre manda que tu andar sea sin dar la espalda al que su Palabra repite. Marcha a pisar los terrenos del pecado que dejaste
.

Y con la cara del pecado, pero vencido, anduvo con pasos atrás, y mirándonos el Maestro, nos dijo:

   –¡Qué palabras, y cuánto daño le han hecho a mi Padre! Si el Perdón que es lo de más precio, mi Padre lo da gratis, ¿cómo Yo voy a cobrar por enseñar a que se amen, siendo esto de menos precio que el Perdón?
Yo no cobro, porque Yo pago. Pago, al que cumple las Leyes que mi Padre tiene escritas para que el hombre haga, Salario Eterno
.

Desperté, oí:

Dios, con el Poder de su Mano, lo retiró, lo dejó sin pronunciar palabra, y todos los que lo seguían, desaparecieron.

Quedó un silencio en la sinagoga,
sin ruido las pisás,
pero sí veías los rostros
con ganas para llorar.

Otros sacaban pañuelos
y el rostro querían tapar.

Esto es lo que querían,
y llorando iban ya.

¡Decir que ponía precio
y que cobraba su hablar,
cuando Él lo que pedía,
que lo fueran a escuchar…!   

Si la Palabra de Dios
no se podría cobrar,
si ahí le pusieran precio,
precio en lo material.

¿Dónde estaría el dinero?
¿Dónde estaría el caudal?
¿Dónde estarían las manos,
que la pudieran pagar?

Si Él es Dueño en la Tierra,
y Dueño en la Eternidad,
¡cómo cobrar las Palabras
que el Padre le manda hablar?

No hay dueño que se cobre,
lo que suyo era ya.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C3