viernes, 8 de enero de 2016

Maestro, ¿qué hago?

En Sueño Profético decían:

Al que le oían estas palabras decir: “Maestro, ¿qué hago?”, ya sabía el que lo oía, que era a Dios al que le estaba preguntando, aunque a un hombre veía.

Estas palabras: “Maestro, ¿qué hago?”, enseñaban. Y ya el Maestro le daba sus Palabras, que si les ponían precio, no había nada que las pagara, por ser Gloria en Palabras.

Pues si este mismo Dios trae un espíritu a su Gloria y le da sus Palabras, la Enseñanza y consejo no es del espíritu arrobado, es de Dios para cundir el bien en palabras y en acción.

Pedir consejo al Elegido, son Glorias que a Dios mandas. Y no coger su consejo, es desprecio a las Palabras que van de Dios.

Dijo uno:

Esta constante Enseñanza ya tiene su freno, y no dará consejo a la rebeldía. El consejo, al pecador que lo pida, puede servirle para pedir a Dios Perdón. El consejo a la soberbia es ir en contra de Dios, porque estás dando y pagando el desprecio a Dios.

¿Cómo el que Dios manda puede darte mal consejo para tu espíritu y tu cuerpo? Todo es falta de creer. Por eso mandan en Gloria sea tu consejo dado donde presenten Amor a Dios o crean que tú eres por Él mandado.

Desperté, oí:

¿Cómo creen que Dios puede
aceptar un mal modo al Elegido?

¿Cómo puede ser que crean,
enfrentándose,
como hacen en la Tierra
cuando el cargo es el mismo?

En este arrobo se manda
silencio al Elegido.

Y no regalar Palabras
que de la Gloria han salido.

¡Si no son reverenciadas!

“¿Qué hago?”, dicho en espíritu
y después puesto en los labios,
es la prueba mayor que das
de que Dios va a darte el Mando.

Aprende del que decía:
“Maestro, ¿ahora qué hago?”,
dicho primero en espíritu
y después puesto en los labios.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - C7