domingo, 24 de enero de 2016

La pena del hombre

En Sueño Profético decían:

¡Es pena que el hombre busque más a Dios cuando no Le puede servir, que cuando quiera hacerle grandes servicios espirituales y materiales!

¡Es pena que el hombre busque a Dios cuando ya nadie lo quiere en la Tierra!

¡Es pena que sus riquezas le sirvan para no entrar en la Gloria!

Esto es pena, y hace falta que el hombre piense esta pena, y que cambie este pensar, pensando:

“Yo, Señor, ¿en qué te puedo servir? ¡Con lo que Tú me estás dando: con los bienes y la salud! Si yo ahora no me ofrezco, ¿qué Te podré yo decir cuando entierren mi cuerpo?”.

“Señor, quiero restituir todo el mal que Te he hecho y empezar otro vivir”.

“Señor, he sido árbol con fruto y nadie ha cogido el fruto, y el fruto se ve en el suelo. ¡Qué lástima que ese fruto no hubiera dado provecho!”.

Desperté, oí:

¡Cuántos dejan la vida material con bienes que Aquí no pueden traerse, y luego se encuentran si Gloria y sin bienes!

Si esto no es pena,
di dónde la pena pones.

Hay quien en el sufrir,
la pena pone.

Y hay sufrimientos que sirven
para que Dios ya te mande
a enseñar a ricos y a pobres.

¡Qué cierto que el hombre guarda
lo que podría rentarle
unos réditos tan subidos,
que nadie podría darle!   

Esta Empresa es Eterna,
y Dios bien sabe pagarte.

Pide a Dios que seas árbol
que se aproveche tu sombra.

Y que el fruto que des
te sirva para esta Gloria.


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - C2