jueves, 19 de mayo de 2016

Ofrécele todo a Dios

En Sueño Profético decían:

Ofrécele a Dios
lo que Él te tiene prestado,
que es la salud,
el dinero y el cargo.

Porque con secretos a Dios, pecas,
aunque tú te creas santo.

Ofrécele todo a Él,
si Él todo te está dando.

Te está dando el permitir
de que vivas manejando
todo lo que queda ahí.

Ofrécele todo a Dios,
pero ofrécele sin pedir,
ofrécele con Amor
y deseos de servir
al que nada necesita
si no quisiera pedir.

Dijo uno:

No hay inversión que dé más
que lo que emplees en Dios,
sea tiempo o capital.

Depende cómo te ofrezcas
y en la forma en la que des.

Pero piensa que Dios ve,
de manera, como objeto
que metes en una urna
que es de cristal.

Con la gran diferencia,
de que Dios ya lo estaba viendo
antes de que tú lo metieras.

Ofrécete a Dios para todo,
pensando: “¡es para Dios!”,
y notarás algo extraño,
algo que no tiene estampa.

Como tampoco la tienen
la Paz ni la confianza,
ni la Fe ni la alegría,
ni las ansias de perseguir
al que lleva mala vida.

Esto, la estampa es que vean
que a Dios llevas noche y día.

Desperté, oí:

¡Qué consejo dan en Gloria
para dar a Dios lo que es suyo!

¡Cómo te enseñan Palabras
que ahí nunca se han oído!

¡Qué cierto,
que lo que sientes por Dios,
no tiene estampa ni fotografía!

Tiene lo que vas dejando,
que sin saber, contamina.

Contamina y reforma,
y despacio o aprisa
vas de la Gloria enseñando.

Vive a Dios en todos tus actos
y no Le guardes secretos,
porque Él sabe lo tuyo
antes de que vayas a hacerlo.

Si tus monedas las das
sin que Él te las pidiera,
ya te van estas palabras:

“Señor, mándame lo que Tú quieras.

Porque Tú nunca le mandas
a la espiga que eche peras.

Ni al niño que lo amamantan,
que la caridad la sienta.

Tú pides lo que quisieras
que el hombre, sin tú pedirlo,
el hombre te lo ofreciera”.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C5