sábado, 7 de agosto de 2010

“Dad de comer al hambriento y vestid al desnudo” - Libro 87 - La Palabra del Creador - Tomo IX - Pag. 98-99


En Sueño Profético se vieron muchos niños. Ninguno estaba triste. Todos estaban contentos por su forma de jugar y por sus gritos, llamando el que estaba cerca al que estaba lejos.

Dijo uno:

Si te paras y los miras, como libro en tus manos, te enseñan. Si uno tiene un juguete, a todos dueños los hace y ves al dueño contento. Si se ponen a comer delante del que no tiene comida, solos no se la comen, aunque muchos les guste. Si no es necesitado, parte la mitad y él sigue normal jugando. Pero si lo ve pidiendo y con los zapatos rotos, da lo que tenga en sus manos y al mayor le llorisquea para que le dé para él darlo.

Estos chiquillos, de ocho y diez años, actúan sin maldad, que es lo que Dios le pide al hombre: que sea hombre de cuerpo, pero con espíritu de niño. Pues el mayor puede hacer lo que se ha visto en el niño: dar la mitad de lo que coma si el hambriento le ha pedido.

Desperté, oí:

Estos niños que se han visto estaban en la plaza de un pueblo, donde jugaban cuando no tenían colegio.

Los padres se conocían y a los hijos más merienda les echaban porque sabían lo que hacían.

Luego les iban contando: “¡Hoy se ha comido mi merienda el que su madre viene a casa llorando y tú le llenas la cesta!”

“¡Mañana me llevo más si yo voy a merendar, porque me ha dicho que me espera aunque comida no lleve, porque ya es mi amigo!”

Si esto hicieran los hombres, harían lo que Dios dijo: “Dad de comer al hambriento y vestid al desnudo”.


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