domingo, 1 de agosto de 2010

Como niño en los brazos de la madre - Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VIII - Pag. 112-113


En Sueño Profético decían:

Dios necesita al hombre, pero no como el hombre cree que a Dios le hace falta.

Dios necesita al hombre para que el hombre cumpla su Mando, pero no para que Dios esté al mando del hombre.

Dios necesita al hombre para darle, pero no para que el hombre le dé a Dios.

Dios tiene el venero del Amor y el venero de las fuerzas. Pues con Amor a Él, no te faltarán las fuerzas, y vencerás, y nunca serás vencido. Con Amor a Él, todo lo verás sencillo, aunque difícil lo ve el que este Amor no ha sentido.

El Amor a Dios te da una confianza, que te sientes protegido, que el que no ama diría “¿de qué?" y tu explicación sería difícil. Tan difícil como el niño que echa a andar y ve los brazos de la madre. Con qué seguridad echa el paso, pudiendo caer por quedar lejos los brazos. Pero qué salto daría la madre si lo viera tropezar. Seguro que el cuerpo, si caía al suelo, ya los brazos lo estarían esperando. Esta es la confianza que el niño tiene cuando empieza a andar. Pero cómo se le explicaría al que le fuera preguntado: ni se lo explicaría, ni lo entendería el que quisiera escucharlo. Pues más difícil es querer que te comprendan cuando te vean sufrir y tú demuestres las fuerzas que Dios te manda de Aquí.

Desperté, oí:

¡Qué falta le hace al hombre para que viva esa vida que a Dios le pida y lo siga!

Y se sienta como niño en los brazos de la madre.

Que esto es vivir protegido.

El que así no se sienta, todo lo verá muy lejos, muy oscuro, y su falta de paciencia le hará dar caídas, llegando a Dios las ofensas.

Creyendo que, Dios sin él, tiene que parar la carrera.

Esto es lo que piensa el hombre que vive para la Tierra.


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