miércoles, 28 de diciembre de 2011

El castigo del hombre tiene que dárselo el mismo hombre - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 126-127-128


En Sueño Profético vi una cerca en el campo, y dijo uno:

Esta cerca cogió fama después de morir los Discípulos del Maestro, como éstos le decían. Cuando ya quedaron sin Maestro, aquí se juntaban, hablaban y recordaban todo cuanto el Maestro les había enseñado, y comentaban lo que les ocurría, que ya el Maestro antes los había prevenido, para cómo tenían que actuar.

Dijo éste mismo:

Yo le oí a Pedro estas palabras: “Debía de venir el castigo, no de Dios, para que fuera más castigo”.

Contestándole Juan a lo que Pedro dijo, y que todos pusieron las manos para pensar la palabra, dijo Juan:

Pedro, esas Palabras son enviadas por Dios Hijo, el que vivió de Hombre y fue Maestro. Hermanas son de las que dijo el Maestro cuando lo subían por el Monte Calvario. Dijo el Maestro:

“Si mi Padre no apartara, aunque diera castigo, no era castigo, por ser castigo de Dios. Es poco, que mi Padre mande hacer con el hombre lo que el hombre hace con el Hijo, que es Padre y el mismo Dios. El castigo del hombre tiene que dárselo el mismo hombre, y ya es castigo”.

Todos recordaron estas Palabras, que todos oyeron por su Maestro.

Desperté, oí:

Hombres de gran Teología, no habrán dicho estas Palabras.

Dios, en medio del gran martirio, ves que sigue siendo Dios.

Estas Palabras te dicen que el castigo no es del Padre, porque entonces no es castigo.

Tan sólo ya con decir: “Dios me ha mandado castigo”, no es castigo de apartar, que éste si que es castigo.

Que Dios aparta al que quiere que Dios le imponga castigo.

El castigo que Dios manda, es dejar el Infierno, que el mismo hombre le abre al hombre las puertas, y el mismo hombre las cierra.

De aquí ya sale el castigo,
por ser el sitio sin Dios.

De aquí ya salen martirios
que el mismo Infierno mandó.

El Infierno es condenación
que el mismo hombre se impone.

El Infierno es condena,
a sabiendas que va el hombre.

Si Dios pusiera castigo
al hombre que a Dios ofende,
nunca sería castigo,
si Dios el castigo pone.


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