jueves, 22 de diciembre de 2011

Reformaba el pedir - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 190-191-192


En Sueño Profético decían:

Hay varias maneras de pedirle a Dios. Hay quien pide con el Amor, que el Amor es el que habla. Y hay quien pide como hombre, exigiendo de hombre a hombre, que la ley le manda. Estas peticiones que el hombre hace como si no fuera a Dios al que le pide, no son concedidas con alegría en el espíritu. Hay quien pide y a Dios Le advierte, que si no se lo concede, él no Le cumple. Dios oye peticiones que ya da premio, creyendo el que las pide que Dios no lo ha oído.

Dijo uno, que conoció a una mujer que siempre que le pedía a Dios algo, decía:

Señor, si Tú ves que otro pide y si no se lo concedes, se enfada contigo, cambia el “sí” mío por el “no” suyo, que yo Te quiero, y más te pido para que veas que sé que eres Dios. Señor, nunca te pediré piedad, porque sé que eres Dios; nunca dudaré de que está mal mandada la muerte, cuando sea mandada por Ti; nunca Te llamaré para que veas el mal que hace el hombre, porque sé que lo Estás Viendo; y sí pienso, si Te molestaré con tanto pedirte que me perdones mis defectos, que son los que hacen que vean mis faltas.

Esta mujer hacía estas peticiones, y te daba olor de Gloria, te daba seguridad de que era Dios el que la estaba oyendo.

Desperté, oí:

¡Qué pocos piden a Dios
como ésta que aquí cuentan!

Esta mujer ama tanto,
que piensa en el que pide a Dios
haciendo su cambio.

Piensa, y si no le llega
lo que tanto pide a Dios,
ya Le vuelve las espaldas
dando sufrimiento a Dios.

Es mejor que me haga el cambio,
a ella el “sí”, y a mí el “no”.

Pues el “no”, a mí no llega,
por sentir a Dios en mí.
¡Hace falta que leyeran
esta forma de pedir!

Hace falta hacer el cambio
en la promesa al decir.

Pero para hacer el cambio,
a Dios tienes que sentir.

Y entonces no Le das pena,
y el ramo dejas allí.

¡Cuántos le piden a Dios,
y un cambio en el pedir!

Si el hombre pensara esto,
reformaba el pedir.

Y siempre sentía a Dios,
aunque no mandara el “sí”.


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