miércoles, 14 de diciembre de 2011

El poder hay que saber administrarlo - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I


En Sueño Profético decían:

Raras veces el hombre, cuando es poderoso, es para honrar a Dios. De éstos, la mayoría se olvidan de Él, se olvidan porque no aman y no tienen seguridad de esta Vida Eterna. El hombre juega con el Poder de Dios. El dinero, el cargo y la belleza, hay que saber administrarlos, para no vivir en contra de Dios.

Dijo uno:

Yo traté a un adinerado porque trabajo le hacía, y siempre, en el pago, me quitaba parte de lo que habíamos antes ajustado. Un día, cuando descargué la bestia de capachos que le había hecho –pues éste era mi trabajo–, me hizo que la cargara otra vez y que me fuera para el pueblo, porque no era el día justo que habíamos acordado para llevarle los capachos. Yo me adelanté unos días y aquí viene la razón:

Tenía cinco chiquillos y muy enfermo el mayor, que once tenía cumplidos. En el encargo que me hizo, todos metieron las manos para pronto terminarlo. El chico cogía el esparto y nos lo iba administrando. Allí no levantábamos cabeza para acabar la faena, entregar y traerme los cuartos que la madre estaba esperando para pagar una deuda y ya empezar cuenta nueva. Pues todo esto le explique y mucho más que le dije, que hasta vergüenza pasé. Éstas fueron sus palabras:

–Hoy no es el día que se ajustó.

–Es que el dinero me hace falta.

–¿Ya has gastado el dinero que te pagué...? Tienes que vivir pensando que has nacido pobre, y un día comerás más y otro menos, pero lo que no te tolero es que no hagas lo que mando. ¡Coge, carga los capachos y marcha! ¡Así aprenderás a servir al rico!

De momento dio un grito, y antes de que yo cargara la bestia quedó muerto. Una víbora le “picó” en el pie. Pronto acudieron todos los que allí trabajaban con él. Acudió uno que era pariente, al que le tocaba la herencia, y le dijo:

–Aquí, delante de todos, te hago heredero suyo, porque la mitad de mi herencia es para ti.

Desperté, oí:

Todo lo de la Gloria es de Dios, y todo lo de la Tierra.

Dios lo dejó que administrara, hasta que le quitó los poderes.

No tuvo compasión del necesitado de él, y el mismo demonio que hablaba en él lo mató.

Lo mató para siempre, porque para Dios ya no vivió.

¡Es triste que Dios te deje que abundancia tengas, y luego no hagas lo que Él quiera!

Si Dios te deja que tengas grandezas ahí, piensa en el que dependa de ti.


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