viernes, 30 de diciembre de 2011

Predicar con el ejemplo - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 146-147-148


En Sueño Profético decían:

Hay dos formas de enseñar a que otros amen como tú amas. Estas dos son: Una, con tu ejemplo; y la segunda, con tus palabras.

Dijo uno:

Mayoría utilizan la segunda: las palabras; y se olvidan del ejemplo, que por falta del ejemplo no quieren oír palabras. Esta enseñanza no es de Dios.

Dios Hombre y Maestro, enseñó a que el hombre conociera al que a Él Lo seguía.

Otro dijo:

En la mitad del día, de estos días de verano, largos y cansados, estando yo y mis hermanos en la huerta, sentados en la orilla de la noria, vimos que se acercaron dos hombres de aspecto ya muy cansado; les ofrecimos unos bancos para que tomaran asiento, y contestaron:

–Cierto que venimos cansados, pero sólo de piernas y brazos; de espíritu venimos descansados, que es lo que nos da la fuerza cuando seguimos caminando.

Fuimos a ponernos de pie para seguir la faena –estábamos haciendo manojos para que el dueño los llevara al mercado en un carro y bestias que nos mandaba– y rápidos se pusieron los dos de pie, y ayudaron a una mujer que tenía los pies defectuosos, cojeaba y tenía que trabajar para mantener a tres hijos que le quedaron cuando murió su marido. Estos dos desconocidos le ayudan con tantas ganas, que rápida se terminó la faena. No se tardó ni un momento, en que en toda la huerta –que bastante grande era–, ya supieran que eran familia o Discípulos del Maestro. Buen corro se juntó con preguntas y ellos contestando.

Una mujer, más bien joven, le dice a Felipe, que era uno de ellos:

–¿Qué parentesco tienes tú con el Maestro?

Felipe le contesta con pena, por no poder decir "es mi familia":

–Ninguno. Esto es lo que yo digo, Él sí dice que todos somos su Familia. Nosotros es que lo seguimos.

Y ya dijo el otro:

–Pero nos hace falta mucho para aprender de Él. Él dice, que cuando vaya al Padre, no nos deja, para seguirnos enseñando.

Desperté, oí:

Conocen a los Discípulos,
no por las palabras,
y sí por la compasión a la viuda.

Ellos llegaron cansados,
y tenían que conocerlos,
porque Dios ya les diría
que nombraran al Maestro.

Que antes de contestar,
lo decían con los hechos.

Allí predicaron bien,
con Palabras del Maestro.

Era su Enseñanza siempre,
predicar con el ejemplo.

Si ellos iban cansados
y tenían sus remos buenos,
¿cómo estaría la viuda,
que tenía tullido el cuerpo?

Allí la tenían de lástima,
por ser su trabajo bueno.

Si ellos quedan sentados,
no se habla del Maestro.

Si dices que eres de Dios,
deja que hablen tus hechos.


***