sábado, 17 de diciembre de 2011

Razones para aceptar la Verdad - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 155-156-157


En Sueño Profético hablaban y ponían razones para aceptar la Verdad.

Dijo uno:

Para llegar a coger, tienes que saber que hay objeto. Para creer que Dios habla, tienes que creer en Dios. Son dos cosas distintas, creer o amar.

Pero para saber si Dios habla,
lo sabes si crees,
lo mismo que coges
porque sabes que palpas.
Pero si no hay objeto,
tú las manos no las mandas.

Que el hombre reconozca
y se corrija sus faltas,
que si ahí no las corrige,
Aquí quedará la falta,
y las faltas de esta talla,
Aquí, a la Gloria, no pasan.

¿Ves por qué el hombre
desmiente cuando dicen:
“Dios me habla”?
Esto lo ven imposible,
como aquél que publicara
que el desierto tenía hombres
paseándose en las barcas;
que desierto ya no era,
que era una hermosa playa.
Nadie creería esto
porque saben es desierto.

Esta es la comparación
de no creer que Dios habla.

No hay cosa que oiga el hombre
que más aspavientos haga,
cuando alguien con Amor
le dice: "Dios me habla";
se le cambia hasta el color,
y con el insulto ataca.
Esto, el que no lo cree.

Y ya, el que cree y no ama,
se reviste de demonio,
y sin caridad le ataca.

Que estudie el hombre este Escrito,
que esta Gloria va dictando,
para que el hombre comprenda
que Dios vive para enseñarlo.

Despierta, oí:

A más extrañeza hagan,
menos creen que hay Dios.

A más extrañeza hagan,
más disgustan a este Dios.

No puedes decir “yo amo”,
apaleando el Amor.

El Amor, cuando es Divino,
sabiendo que hay Dios,
tienes que decir: ¡Dios mío,
yo quiero vivir tu Amor!

Y ya, el que cree que vive,
diciendo “yo amo a Dios”,
que vaya enmendando planas,
por engañar a este Dios.

Que él creía engañarlo,
porque Dios ahí lo dejó.

No tiene disculpa el hombre
desmintiendo la razón,
razón que vibra en los hechos
que va haciendo el Altavoz.

Si crees que Dios existe,
¿por qué no hablar este Dios?

Y si dices que Lo amas,
es descubrirse el ladrón,
el mismo que abrió la caja.

Cuando digas “amo a Dios”,
no te extrañe que Dios hable.


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