jueves, 1 de diciembre de 2011

El tratante de ganado - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 52-53-54


En Sueño Profético hablaban los Discípulos de Jesús, Dios Hombre.

Dijo Andrés:

El hombre que ama, conoce la Palabra de Dios. Esto es lo que el Maestro siempre nos decía:

“Conoceréis al que más ame, por el que más crea mis Palabras.
Conoceréis al que más quiere a mi Padre, por el que más busque a su Hijo. Estará conmigo el que no esté en contra de mis Palabras. El que no acepte que soy Dios, nunca creyó en mi Padre, ni sus Palabras oyó. Conoceréis el Amor por la impaciencia de saber de Mí, por la Paz que notéis y por la caridad que den”.


Otro dijo:

Un grande pasaje aquí dicto: “Ocho íbamos con el Maestro, y tres se acercaron a nosotros con caras de espíritus de Dios”. Uno dijo:

–¿Vosotros sois los que vais predicando lo que os enseña el Hijo del Hombre?

Fue Juan a señalar al Maestro y el Maestro no lo dejó.

–Las palabras que me han dicho no pueden ser nada más que de Dios. Yo que acostumbrado estoy a oír al hombre hablar de Dios Padre, sé que esas Palabras no son iguales a las del hombre; las palabras del hombre son medidas, dichas en bien, dichas en mal; las Palabras de Dios son sin medir, son duras, dulces, son suaves, son Palabras inexplicables, Palabras con tanta Fuerza que te resultan suaves.

Estando él sólo hablando y hasta el Maestro en silencio, salió del grupo este Dios, que de Hombre estaban viendo:

–Yo soy el que enseño a mis Discípulos, para que mis Discípulos enseñen. He dejado tu predicación para que ellos vean el fruto de su trabajo, y tú quedas con mis Palabras para enseñar como ellos.

Desperté, oí:

Este tratante de ganado, conocía bien las palabras del hombre y notaba cuando eran de Dios.

Las del hombre eran falsas,
y seguras las de Dios.

Cuando alguien le decía,
“esto me lo ha dicho Dios”,
dice que un brinco dentro
le soltaba el corazón.

Cuando a Dios lo vio delante,
viendo al Hombre y viendo a Dios,
le hizo una reverencia,
que en reverencia quedó.

Le dio el don de palabras,
por conocer lo de Dios.

El Amor te sirve siempre
para saber si es de Dios.


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