martes, 27 de diciembre de 2011

Eran padres e hijos santos - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 218-219-220-221


En Sueño Profético contaban una aparición ocurrida a unas mujeres hace trescientos años.

Dijo uno:

Estando un día hablando con mi madre en la huerta donde trabajábamos toda la familia. Voy a aclarar el hecho: la huerta era de un hermano de mi padre, y mis padres y 4 hermanos que éramos, allí trabajábamos sin día ni noche. Había muerto este tío mío, y quedó mi padre de dueño, dueño en el trabajo, pero no en la ganancia. Dos hijos quedaron, que eran los que a mi padre y a nosotros siempre nos estaban pidiendo cuentas. Nos tenían un trato tan despreciable, que si alguien había delante, tenían que nombrarle al padre, ya que tenía la fama de santo, que mi padre y mi madre, con él, formaban una ermita, ya que a su lado todos decían que respiraban Gloria. Mi tía y los hijos tenían espíritus contrarios a los de la Gloria. Empiezo lo que corté de mi madre:

Estando ya recogiendo los capachos y cargando los burros que llevábamos, dice mi madre:

–Hijo, echa tus rodillas al suelo, que Dios, a esta misma hora, lleva tres días que su Voz nos manda.

Dos estaban conmigo y también la oyeron: sentí un fuerte aire y la arboleda quedó intacta, cuando sin esfuerzo me vi de rodillas y mi madre con una Luz por todo el rededor de su cuerpo, y oímos la Voz las dos a la misma vez: “Aquí ha sido oída la acción de súplica del cambio del bien al mal que le hacían. Cuando lleguéis a la casa, os esperarán, porque ellos han tenido la Voz del Cielo; os esperarán de rodillas y pronunciando: “Quiero que nos deis el perdón; hemos tenido una Visión de la Justicia del Cielo; y en vosotros está: iremos a Gloria o Infierno”.

Desperté, oí:

Esta familia sufría más, por ver que todos despreciaban a los dueños, que por el mal trato que ellos recibían.

Eran padres e hijos santos,
y el padre que desde Arriba
siempre estaba suplicando.

Suplicaba y pedía
que todos tuvieran Paz,
por que a los dos los quería.

No quería el sufrir
para los santos en la Tierra.

Y quería que su mujer,
por sus hijos fuera buena.

Todo el sufrir de su casa
fue culpa de su mujer,
que a Dios tenía en olvido,
por en Dios nunca creer.

Las súplicas de los santos
hacen que pidan perdón
si querían ser salvados.

A la misma hora que ellos,
oyeron la Voz del Cielo.
Los que no creen se quedan
rígidos y sin movimiento.

La madre y los hijos oyen
sin poder mover un dedo:
“Pedid perdón a santos,
aunque no estén en el Cielo”.

“Que la actuación de los justos
es la que llena este Reino”.

“Cuando el que pise Tierra,
quiera dejar el Infierno”.


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