miércoles, 7 de marzo de 2012

Para ser un buen teólogo, tienes que buscar donde de Dios hablen


En Sueño Profético hablaba Tomás de Aquino. Hablaba de enseñar Teología sin saber Teología. Decía:

Para ser un buen teólogo, tienes que desear saber Teología. Para ser un buen teólogo, tienes que buscar donde de Dios hablen. Pero para buscar, tienes que amar, y ya te lleva como liebre al galgo.

Esto de amar es imprescindible,
como los pies a los zapatos,
como el asa al caldero,
como la lluvia en el campo,
como todo lo que amas,
que primero es amando.

Yo diría que Teología
se nombra por un nombrado.

¿Quién sería teólogo,
en ese mundo material,
sin acudir a estos Mensajes?

¿Quién creería en el Cielo
y no quisiera acudir
al Dictado que Dios manda
para el Teólogo y para el seglar,
para el que pecó
y para el que pudiera pecar?

Dios ha mandado a que Agustín diga en espíritu todas las reacciones que un cuerpo con materia puede sentir.

Estas aclaraciones del mismo Agustín, dichas sin materia, son de una Teología aplastante, escalofriante, que si el hombre lo pensara, daría esta exclamación: ¡Dios mío, no merezco que Tú te acuerdes de mí! ¡Deja de ser Dios, porque el hombre te lo está pidiendo noche y día! Estas palabras, debía el hombre de pedirle a Dios, si el hombre amara.

Desperté, oí:

¡Grande desprecio hace el hombre
a la Llamada de Dios!

¡Grande es la Teología
escrita, oyendo Voz!

Esta gran Teología
la tiene que oír el hombre
sabiendo que de esta Gloria
van palabras de teólogos
que ahí tiene la Historia.

Si Juan Bosco ahí enseñaba,
¿cómo serán las Palabras
que de esta Gloria manda?

Si Domingo de Guzmán
fue grande en la Enseñanza,
¡figúrate los Mensajes
que Dios a dictar le manda!

Y si ahí tanto elevas
lo que Teresa te hablaba,
¡figúrate los Mensajes
que de esta Gloria te manda!

Aquí, ya sola en espíritu,
te manda Mensajes en lágrimas,
que si en Dios dices que crees,
alegría son tus lágrimas.

Ya, Catalina de Siena,
te aconseja en Teología,
que si amas, no buscas,
porque Dios mismo te guía.

La Teología es Dios
que se hace Palabra,
para que el hombre al leer,
enseñe sin él guardarla.

Pero Ésta que dictamos,
es el mismo Dios que habla.

TOMÁS DE AQUINO


***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 94-95-96