sábado, 17 de marzo de 2012

Si el avance no es de Dios, no te des por avanzado


En Sueño Profético decían:

El adelanto del hombre, el invento, la cultura y la independencia, lo va apartando de Dios.

El hombre se olvida de Dios sin pensar que Dios es su Oxigeno, imprescindible para el espíritu y materia.

Todo el avance que el hombre se cree que da, es atraso para el Camino de Dios. Toda su inteligencia que el mismo hombre premia, raras veces estas inteligencias no son para ir en contra de Dios.

Dijo uno:

Yo, me gustaba seguir la vida de los hombres con avance al futuro. Y también a los que vivían con reposo, contentos de no desear nada más que lo que necesitaban para vivir. Pues estos hombres son los que siempre podías conversar con ellos; nunca tenían prisa; nunca tenían envidia a las cosas de la Tierra; siempre te hablaban de Dios pensando en la Vida Eterna; les molestaba el oír: “esto te dejo de herencia”; les molestaban los sitios que les hacían reverencia.

Ahora pongamos juntos el vivir de los que nombré primero: viven sin tiempo para el mundo, para el mundo de silencio, para el mundo que ellos creen que todos están bien muertos, sin pensar que éstos viven aunque no hicieron inventos, aunque vivían la vida, una vida en el desprecio, en el desprecio del hombre, del hombre que no era bueno, porque el bueno, aunque inventara, tenía contacto en el Cielo. Pero de éstos había tan pocos, y aún así sigue siendo.

Desperté, oí:

No puede quitar razón
el hombre al leer esto.

El saber y la cultura
poco te acercan a este Reino.

El hombre coge postura,
olvidando el cementerio.

Olvidando el cementerio,
donde su cuerpo es llevado.

Que cuando pase algún tiempo,
el cuerpo será robado.

¡Pero no por los ladrones!
El robo que aquí refiero
es hecho por los gusanos.

Para esto sirve el cuerpo
que tú tanto has cuidado.

Si el avance no es de Dios,
no te des por avanzado,
porque tu cuerpo será
un robo de los gusanos.

El espíritu de Dios,
no hay ladrón para robarlo.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 8-9-10