viernes, 13 de abril de 2012

El mayor es el que tiene que enseñar al chico


En Sueño Profético hablaban de la enseñanza de los niños. Decían:

El mayor es el que tiene que enseñar al chico.

Dijo uno:

Yo, siempre recordé
y no olvidé la enseñanza
que a mí me dieron;
nunca vi ira en mis padres;
siempre estaban contentos,
y no porque faltaran a montones
los sufrimientos.

Trabajaban sin descanso:
mi madre cogía la azada,
porque mi padre había enfermado,
y yo siempre vi a mi madre
hacer los trabajos más forzados.

Mis dos hermanos mayores
se encargaban de la leña,
y yo, que era el menor,
me coloqué en un granero,
que el dueño del caserío
quiso llevarme con ellos.

Me ganaba la comida
y algo llevaba para ellos.
Yo tenía unos diez años
de esto que estoy diciendo,
pero les hacía su apaño
con el celemín y el peso.

Pero llegaba a mi casa,
y mis padres los primeros
que se ponían de rodillas
y llamaban: ¡Juanico, Antoñíco, Pedro!,
y todos con voz bien fuerte,
rezábamos siguiendo a ellos:

¡Gracias por todo, Señor,
gracias por el día de hoy!

Esto lo repetíamos unas cuantas veces.
Pues mi madre, su alegría
era librarnos del pecado.

Tendría yo unos tres años,
y no dejaba de decir esta oración,
acompañado de mis hermanos:

“Señor, ven conmigo,
quiero crecer a tu lado,
porque soy niño”.

Esto no se olvida nunca,
lo que aprendes de niño.

Desperté, oí:

El mayor tiene que moldear al chico, a que haga todo lo que a Dios agrada.

Si los mayores no hicieran nada mal hecho, el niño no lo aprendía.

Aprendes de lo que ves o te enseñan.

Siembra el árbol y procura que el tronco no se tuerza.

Si torcedura tuviera después de tú cuidarlo, Dios hará que el fruto sea bueno.

Enseña al niño a que ame a Dios, y Dios te dará el premio.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 102-103-104