sábado, 14 de abril de 2012

Tener y no querer, no admite lamento


En Sueño Profético decían:

Tener y no querer, no admite lamento.

Hay quien tiene y no quiere, y cuando le falta este “tiene”, entonces le ven lamento.

Dijo Felipe, el Discípulo del Maestro:

Íbamos un día con el Maestro y se acercaron dos mujeres, e hicieron al Maestro estas preguntas:

–Maestro, nosotras sabemos de Ti por uno que mucho Te oye, ¿esto es cumplir lo que tu Padre tiene mandado, o hay que oírte a Ti?

Dijo Dios, aunque veían a un Hombre:

–Venidse con nosotros, y a unos metros os daré la explicación con la Palabra y el hecho.

Ya, Maestro, Discípulos y mujeres continuaron andando. Los paró el pasar por una tubería que parecía de teja, y por un pequeño roto que tenía, había unos hombres bebiendo agua: esperaba uno, terminaba el otro con ansiedad, ya que la filtración era chica y sin fuerza.

Dijo el Maestro:

–Seguidme, y con pocas Palabras me comprenderéis.

Fuimos otra vez camino atrás, y un poco más abajo de donde nos pararon las mujeres, había una hermosa fuente con un gran brazo de agua, que sin sed te hacía que bebieras.

Dijo el Maestro cuando vio la exclamación que dieron, –esto al ver la fuente y haber estado en aquella gota, cuando a unos metros teníamos la abundancia–:

–Esta fuente es mi Palabra, y la gota es la Palabra en otros. Si estos caminantes saben que está aquí la fuente, no se agachan para aplacar su sed gota a gota, una vez que la fuente la tenían tan cerca. Éstos son los que cumplen la Palabra de mi Padre, pero si pasan por la fuente y no beben, y se paran a beber la gota, poca sed tenían. Esta parábola está comparada con no oír mi Palabra y oír al que Me oye, cuando éste pueda oírme a Mí.

Desperté, oí:

Dios Hijo les hace comprender, la diferencia que hay de la fuente y la gota.

Si estos mismos, antes pasan por la fuente, no beben y buscan la gota, no tienen sed.

Estas mujeres podían oír hablar al Maestro, pero se llenaban con las palabras de otros.

Esto no admitía el oírle el lamento de: ¡ya no tengo lo que quiero!

Éstas, después llorarían
por perder lo que tenían.

El que pudo ver a Dios,
y no quiso Ver ni Oír,
mal sitio le espera Aquí.

Y ya el que dice que ama,
y persigue su Palabra,
es peor que beber gota
y dejar fuente que caiga.

Las Palabras de Dios
son puro Amor y Enseñanza.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 74-75-76