domingo, 29 de abril de 2012

La viuda de Corinto


En Sueño Profético hablaban de una mujer que había nacido en Corinto y que su tía abuela había conocido al Salvador de los pecadores. Decía esta tía mía:
 

Siempre iba olfateando donde hablaran de Dios. Cuando le hablaban del Maestro, ella repetía: “Yo digo Dios Hombre. Cuando esté a su servicio, si Él me lo dice, yo, por obedecerlo, Maestro le diré, pero me costará mi trabajo”. Pues un día, dicen que se fue al pueblo de Galilea, y que allí se buscó su vida, ya que ella no tenía que estar atenida a familia ninguna por estar viuda y no haber tenido hijos. Decía: “Toda mi familia es Dios. Yo no puedo estar en Corinto y saber que en Galilea está Dios Hombre y que se deja ver para todos”. Se colocó con un manijero e hizo tan buenas migas con la molinera, que los hijos de ésta lloraban para que los cogiera acunándolos en sus brazos. Tenía don de dulzura del Altísimo, y en aquella familia quedó para siempre. Un día, dice, que estando con los 4 niños y amasando el "salvao" para los polluelos – y estando los niños y los polluelos llenos de "salvao"–, oyó tal vocerío por aquel camino, que se lavó las manos y cogió a los niños saliendo al encuentro del que le llamaban Maestro, y ella Dios. Tuvo que esperar que pasara, había sido más rápida que el ruido. Cuando pasaban, dijo Juan:

   –Maestro, ¿no era aquí donde teníamos que detenernos?

Contestó el Maestro:

   –Juan, has hablado las Palabras que Yo te he mandado a la inteligencia.

Ella dice que el llanto le hacía la alegría cuando le dijo el Maestro:

   –El manijero hace tiempo me espera, pero Yo lo tenía que hacer cuando tú estuvieras esperándome.

Desperté, oí:

El manijero quería que el Maestro fuera para que en aquellos caseríos vieran al Maestro en su casa.

Y la viuda iba buscando su rastro.

Dejó Corinto, su familia lejana, sus amistades, y se fue a Galilea con un pequeño macuto.

Ya, cuando hacía el macuto, dice que notaba le ayudaban a poner la ropa.

Ya empezó a sentir su Presencia porque ella quería buscarlo.

Quería buscarlo, y Dios se hacía sentir en Espíritu.

Que más adelante no se haría sentir, serían los dos Espíritus uno sólo en una misma carne, carne que Dios dejaría muerta en el Arrobo.

Ama y busca donde hable Dios, y copia de la viuda que luego Dios arrobó.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 120-121-122