jueves, 1 de noviembre de 2012

El ciego veía que era Dios

En Sueño Profético hablaban del Amor a Dios.

Dijo uno de sus Discípulos:

Un día, cuando íbamos con el Maestro, había tres mujeres muy afanadas hablando del Maestro, y las tres discutían por querer amarlo más con su forma de quererlo. La que más subía la voz, decía:

   –Yo lo quiero y lo amo sin conocerlo, tan sólo porque me hablan de todo lo que está haciendo, de la Paz que va llevando a sitios, que antes de conocerlo, no se comportaban bien, y si tenían sufrimiento, hoy, ya, al conocerlo, el sufrimiento es contento.

Esto, se lo decía a las otras –que bien dicho las dejó calladas–. Éstas sí lo conocían, pero no acudían a oír sus Palabras, ni tenían deseos de seguirlo.

Unos metros antes de llegar a ellas, se acercó un ciego y le dijo:

   –Maestro, por fin voy a tocar tus telas. No te he ido a buscar, por no tener quien me lleve a la montaña. Pues sé, que al oírte mis oídos, mis ojos te verían, porque sé que eres Dios Hijo y que te manda Dios Padre.

Estas Palabras oyó el ciego:

   –Mañana vendrás a la montaña a oír mis Palabras. Irá Santiago a tu casa a por ti, pero no porque tú lo necesites. Santiago irá a dar testimonio del prodigio, ya que tu espíritu está al mando de mis Palabras.

Llegaron a las mujeres, y otra vez habló el Maestro:

   –De tres, una ama a mi Padre, y dos no quieren oír mis Palabras. Aquí ama una sola. Aquí no hace falta ver, aquí sobra la vista y falta Amor. Yo allí di vista, y aquí no puedo dar Amor.

Desperté, oí:

Dios dio lo chico y no pudo dar lo grande; dio vista temporal y no pudo dar Amor Eterno.

El ciego veía que era Dios, y el que veía, no veía a Dios.

El ciego quería ver para seguirlo.

Hacía más falta, que el que veía, pidiera la Vista a Dios.

El que no veía, iría sin tropezar, derecho, a la Gloria. El que veía, encontraría muchos obstáculos, tantos, que se daría por ciego.

Si no ves lo que estás viendo, pídele a Dios que te dé Vista.

Y Dios ya verá que quieres seguirlo hasta la montaña. Si no te manda a Santiago, te mandará su Palabra.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 108-109-110