domingo, 25 de noviembre de 2012

Fuerza del espíritu y flaqueza de la carne

En Sueño Profético hablaban de la fuerza del espíritu y de la flaqueza de la carne. Decían:

La carne, por mucho que se conserve, busca apartarse a un rincón, cuando ya es carne inservible.

El espíritu nunca se cansa y nunca se pone viejo. El espíritu no tiene entierro, ni para él cuenta el tiempo. El espíritu que es de Dios, éste, con Dios vive, y nunca se pone enfermo ni vejez le llega.

Cuando la materia pide vida sedentaria, el espíritu está esperando con ansiedad que Dios le haga su Llamada, y ya el espíritu no se preocupa de la carne. Esto, por mucho cuido, llega. La carne que llega a la vejez y su espíritu no es para Dios, ya lo esperan los demonios de Luzbel, para que le hagan servicio en contra del Todo Poderoso.   

Esta es la Enseñanza de Dios: conocer el mal aunque vaya escondido en materia con aspecto de buena, y coger la Enseñanza del que Aquí la lleva. Estos temas nunca los quiso saber el hombre. El hombre, su preocupación es la vejez, porque no piensa en el funcionamiento de su existencia. Si hiciera este pensar: “Mi espíritu es joven porque es de Dios y le ha estado haciendo un servicio a mi materia para enseñar el Camino Eterno. Este Camino ya lo enseñé, y mi carne entierro. Como mi espíritu está joven, voy a hacer servicio en el Cielo”. Si esto pensara, vejez, dejaba ahí un buen recuerdo, pero tenía que pensar antes, de joven, en el Cielo.

Desperté, oí:

Es el espíritu el que deja
ese traje de la carne. 

Pues una vez que se mustia,
el espíritu quiere dejarle.

El hombre lucha y lucha,
con la atención a la carne.

Olvidando que el servicio,
a espíritu no vale.

El hombre toma la vida
aprisa y sin pensarla.
Debería ya saber
que viene, cuando ya nace,
con el día de la Llamada.

No ensucies nunca tu traje,
y cuando ya mustio caiga,
no importa que le den entierro,
si dejas viva Enseñanza.


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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 125-126-127