sábado, 17 de noviembre de 2012

Fuerzas de Dios

En Sueño Profético decían:

Dios da fuerzas según tu carga y tu peso. Voy a contar mi historia:

Cuando te sientes con Dios,
el plomo tú lo levantas
como la espiga de trigo
que levanta el segador.

Yo, en mi vida con materia,
desde que tuve razón,
me seguían los sufrimientos
sin que los buscara yo.

No conocía a mi madre,
porque chica estaba yo
cuando la pisó una yegua
y pocos días duró.

Había dos mayores que yo,
y mi padre era bueno,
pero al ver como quedó,
sin pensar en lo que hacía,
otros terrenos cogió,
y nos criaron sus padres,
que éstos mis abuelos son.

Ellos ya eran mayores,
y los ingresos no daban
“pa” mantenernos a “tos”.

Guardaban unos terrenos,
donde el “ganao” iba a pastar.
Pues siempre mis abuelos
trabajaron con los dueños,
y les seguimos los nietos,
quitándole el sitio a ellos.

Así fui creciendo yo
hasta que me hice moza,
y ya, con los veintidós,
me casé y entré con carga
de abuelos, hermanos, marido y yo.

Como eran dos varones
y la hembra era yo,
¿cómo vivir con marido,
dejando solos a “tos”?

Sí, mis abuelos eran buenos,
pero lo que no tenían era edad ni ingresos.
Pues aquí en esta carga,
tan “pesá” y de sufrimientos,
Él me mandaba las fuerzas,
y yo no sentía el peso.

Al poco de estar casada,
mi marido enfermó,
y entonces le pedía fuerzas,
y más fuerzas me mandó.

Ya tenía yo dos hijos.
Y mi hermano mayor
me entregaba lo que ganaba,
y lo administraba yo.

Él hacía de mujer,
y yo, a veces, de varón,
pero vivíamos felices
con estas fuerzas de Dios.

Desperté, oí:

Dios no te deja sin fuerzas,
porque tú amas a Dios.

Dios no te deja sin fuerzas,
cuando se las pidas tú,
cuando le digas: “¡Dios mío!,
si el peso me quitas Tú,
no importa el sufrimiento,
porque esto no es sufrir”.

Yo le llamo sufrimiento
al que no tenga sufrir
en lo que el hombre le diera.

Pues para mí es sufrimiento,
no lo que hay en la Tierra.
Para mí es sufrimiento,
el que a este Dios no quiera.

Porque no te manda fuerzas,
fuerzas de Aquí de esta Gloria,
que Él le manda a “to” el que quiera.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 98-99-100