martes, 3 de septiembre de 2013

Arrepentimiento llega cuando no quieres pecado

En Sueño Profético hablaba Agustín del que pecó y después vio el pecado, del que pecó porque vivió entre el pecado, del que pecó porque a pecar lo enseñaron:

A éstos, más les hablaba yo. En éstos había hombres buenos que me seguían mis pasos. Sabían mi vida anterior, y que Dios no me dio desprecio por ser grande pecador. Daban consuelo mis palabras al dar mi contestación. Nunca veía imposible el mandar Dios el Perdón, pero antes de pedirlo, yo les decía que se probaran a vivir sin pecar, y cuando hicieran vida de reposo en conciencia y despreciaran lo que les hacía pecar, entonces les vendría lucha para empezar a pecar. Pero ya está la defensa de querer a alguien buscar, a alguien que su vivir te retira a ti del mal. Ya, cuando todo lo nombrado practicaban, servían para enseñar a quitar de pecar a otros que ellos dejaron pecando y viviendo vida de desesperación cuando pensaban: “Yo ya no tengo remedio. Yo ya estoy “condenao”. Yo ya he hecho tanto mal que a Dios llamar no me atrevo”. Este pensar tuve yo antes de llamar al Cielo, y este pensar tendrá el que sienta arrepentimiento. No me cansaba el hablar lo que Dios me hacía en el Cielo. No sé si subía la Tierra a Gloria, o Gloria bajaba a suelo. No sé si yo veía Gloria, o Gloria me estaba viendo. No sé, si vivo estuve muerto. No sé lo que me pasaba, hasta que fui comprendiendo que el Perdón me había llegado a ocupar arrepentimiento.

Desperté, oí:

Arrepentimiento llega
cuando no quieres pecado.

Entonces viene la lucha
de querer dejar pecado.

Pero el pecado acecha
con tentaciones y agrado.

Agustín recomendaba
una pausa a tu conciencia.

Una busca al que vivía
día y noche vida buena.

Vida de adorar a Dios
y despreciar en la Tierra
pecado, condenación.

Los pecados los aparta,
vivir Camino de Dios.

Y el que está haciendo pecados,
no puede vivir con Dios.

Si llega arrepentimiento
y odias haber pecado,
puede que un día te veas
en la fila de los Santos.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 24-25-26