sábado, 25 de julio de 2015

El Camino de Dios

En Sueño Profético decían:

Hay quien enseña con tanto Amor el Camino de Dios, que sientes deseos de empezar a andarlo.

Dijo uno:

Yo conocí a una mujer que nació en una ermita, donde nació por ser sus padres los encargados de cuidarla. Éstos, eran conocidos, por “los santeros”. Estaba esta ermita a bastante distancia del pueblo, pero el Amor de esta mujer acortaba el camino, lo tenía siempre lleno de gente, y unía a las familias. Ella tenía dos hijos y su marido. Los tres tenían la enseñanza que de su Amor aprendieron. Letreros de estos que digo, tenía hasta por el suelo:

“Yo lo pido, pero es Dios el que me lo está diciendo”.
“El que no venga con Dios, que no pise estos terrenos”.
“El que venga arrepentido, verá la ermita por dentro”.
“El que sea ver por ver, que siga a otros terrenos”.

Esto se cundió, y había familias que tiraban unos de otros. Donde había más que amaban, iban a la ermita. Donde el pecado vivía, ponían inconvenientes y cambiaban el camino. Esta mujer, que al describirla ya sientes Amor a Dios, estaba ella, marido e hijos, esperando que le pidieran y le mandaran. Allí había de todo para todos. Era alargar lo que habían pedido, y tener sus palabras de Dios en su boca, que tus oídos recogían y entraban en tu espíritu. Siempre tenía una verdadera historia del Amor de Dios, que a ti te enseñaba y te quitaba de pensar en el pecar.

Desperté, oí:

El camino de esta ermita,
ya algo te hacía sentir,
que en Dios tenías que pensar.

No te encontrabas en el suelo
algo que no fuera del campo.

Si uno iba delante,
pasando camino por vez primera,
y algo inservible tirara,
antes de que llegara al suelo,
varias manos lo alcanzaban.

¡Era falta de respeto
venerar aquel camino
y tirar cosas al suelo!

La santera y el marido,
de dos a tres días lo más,
vigilaban el camino.

Cuidaban hasta la hierba.

Ella decía: “la ermita,
para el que ama a Dios,
empieza en el empiezo
de este camino de Dios”.

Esta familia, el Amor,
lo practicaban tan fácil,
que en el camino siempre había,        
hacia aquí, los caminantes,
y en parejas se unían.

Tiene tal fuerza el Amor,
que tira a que muchos amen.

Si sientes Amor de éste,
ermitas serán las calles.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C2