miércoles, 1 de julio de 2015

El Reino de Dios es vivir siempre en Él

En Sueño Profético decían:

Hay quien no hace pecados, por Dios. Y hay quien no los hace, por el hombre. Hay quien sufre cuando otro peca, y hay quien no quiere que a Dios quieras. ¡Hay tantas formas de hacer pecados!, todo por no creer en la Vida que espera, que esta Vida hay que pasarla, bien dicho, que Aquí te quedas. Y si Aquí no te quedaras, llámate entonces muerto. De esta palabra “muerto” hablaba mucho dando Enseñanza el Maestro.

Un día, estaba el Maestro hablándoles a unos, y llegaron otros que no cogieron las primeras Palabras, por pararse con otros que iban en contra del Maestro y que los tenían por grandes hombres en la medicina, por sus estudios y la majestad que siempre ellos ponían delante del que creían que era inferior. Ya el Maestro sabía las preguntas que Le harían, pero ellos no podían saber las respuestas. Ya dijo uno dirigiéndose al Maestro:

   –El que a Ti se acerque, ¿no muere ni le dolerá la carne…?

Y terminó el Maestro diciendo:

   –¿Y también Le ofreces un Reino…? Éstas son las palabras que te faltaban.

Y ya el Maestro dio dos pasos con la fuerza del Poder de Dios en la Tierra, que a todos les retemblaron sus cuerpos, y sus rostros palidecieron cuando vieron el Poder haciendo que hablara el suelo.

   –Ve y diles a los que te han dado esas preguntas, que no sólo no muere el que se acerque a Mí, sino que le daré potestad para que sirva de medicamento para que no mueran los que a él se acerquen, y una vez que ya amen a mi Padre, les dolerá la carne cuando oigan hablar mal de Mí, más que si tuvieran hundidos producidos por la lepra, porque los dolores de la carne, no duelen como oír faltarme a Mí. Mi Reino es vivir siempre en Mí, pero sin carne, y ya no hay muerte, que es lo que no creen los sabios.

Desperté, oí:

Esta última pregunta que el Maestro le dijo cuando él todavía no había pronunciado, fue la que les hizo creer que era Dios.

Éstas fueron las palabras
que encargaron los letrados:

Pregúntale, si el que se une a Él,
no muere, no le duele la carne
y le tiene un Reino preparado.

Y siguieron con risas
y palabras tan ciertas
como el que ve cuatro y cuatro.

Antes de llegar a sus casas,
las caras habían cambiado.

Uno les sale al encuentro
con la razón de sus casas.

Las familias tenían pena
y amargamente lloraban.

Dios les hace una Visión
de alguien que Lo maltrata
y a Carne llega el dolor.

Esto era el decir:

¡Mil veces quiero estar muerta,
que ver tanto a Dios sufrir!


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C5