jueves, 16 de julio de 2015

Obedeces sus Palabra y vive en el Prójimo

En Sueño Profético decían:

No hay quien quiera a Dios y quiera que Dios reforme.

Dijo uno:

Mi madre decía que Dios no se enfadaba si ponías Los Diez Mandamientos en estos dos: obedecer sus Palabras y vivir en el Prójimo. Que esta reforma ella la vivía, y siempre sentía la intimidad de Dios cuando estaba sola, y cuando iba al Prójimo, ya vivía con Él. Decía que Los Diez Mandamientos era hasta aprenderlos, pero que una vez aprendidos, ya a practicarlos, pero contentos y sin protesta. Que al aprenderlos, si había Amor, era oírlos y decir amén. Y si protestabas, faltaba Amor y no tenías a Dios por Dueño de tu último sitio, éste, eterno, en Gloria o Infierno.

Un día fue a mi casa contando un sufrir que vio en una casa de unos que vivían mejor que nosotros, de ingresos materiales. Había un enfermo, y toda la familia estaba en contra de Dios, porque la enfermedad impedía seguir las fiestas que a diario llevaban hijos y matrimonios. Dice, que fue entrar, y sentir una pena por Dios y desprecio a ellos. Cuando le contaron el descontento que tenían con Dios, se puso de pie y dijo:

“Si habéis ofendido a Dios antes de ahora, yo me uno a vosotros pidiendo el Perdón para esta casa. Pero de seguir ofendiéndolo, yo no puedo pisar esta casa, porque a Dios yo Lo siento y voy a buscarlo donde está el enfermo. Si Él de aquí se va, yo no me quedo”.

Desperté, oí:

Esta mujer consolaba con su presencia
donde enfermedad había.

Este enfermo la llamaba,
y con la enfermedad sufría
de ver cómo la llevaban,
la enfermedad que él tenía.

De segundo en segundo,
la muerte a Dios pedían.

Y le pedían las cuentas
porque enfermedad había.

La muerte le llegó en sueño,
y ya todos se creían
que empezarían la vida
como antes la tenían.

Fue sufrir grande para todos,
porque faltaba Presencia
de lo que ellos no amaban.

Cada uno se llevó
un pedazo de la herencia.

Pero les faltó salud
y no vivieron las fiestas.

El que no entendía bien,
decía: ¡es maldición!


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C2