martes, 2 de febrero de 2016

El que a Dios Le reforma, está a favor del Infierno

En Sueño Profético hablaban del pecado.

Decían que el pecado lo agrandaba más el que creía que no pecaba diciéndole a todo: “no es malo”; reformando Leyes Divinas que van al hombre acabando, porque vive sin temor de un Dios que no obliga, siendo Poderoso para acabar con el mundo y traerse a su Gloria a aquellos espíritus que a Él Lo siguieron.

Es que el hombre reforma sin sentido, sin tope y sin sesos. Es niño que juega con peligro y fuego. Con la gran diferencia de que el niño nunca pierde el Cielo.

Si al niño, el mayor, le nombrara a Dios con el amor que lo cogen sus brazos y le da el alimento, el niño no podría crecer y llegar a hombre sin poner a Dios primero. Ya, este Amor le prohíbe reformar las Palabras y Leyes de este Cielo.

Desperté, oí:
El hombre que cree que no peca
reformando los Mandamientos de Dios
y no cumpliendo el Evangelio
–Palabra dicha por Dios–,
éste no ama.

Le entrará miedo cuando vea
que la muerte lo llama.

Y miedo al sitio sin Dios,
que su nombre es Infierno.

Esto no son amenazas,
porque fijo muere el cuerpo.

Y si tú a Dios no quisiste,
estando con cuerpo,
¿cómo va Dios a entrar tu espíritu
donde la Paz hace el Cielo,
si tu espíritu es rebelde
y reformó el Evangelio!   

Palabra dicha por Dios,
y hoy la sigue diciendo.

¡El que a Dios Le reforma,
está a favor del Infierno!


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - C8