lunes, 8 de febrero de 2016

Valora primero aquello que nunca muere

En Sueño Profético decían:

¡Cuántas veces se repite la Enseñanza para evitar las enfermedades del espíritu y qué poca obediencia le pone el hombre!

Dijo uno:

El hombre tiene toda la atención puesta en la carne. El médico da el diagnóstico de contagio y, voluntariamente, se aleja el familiar. Lo deja inútil para el trabajo y tanto empresa como enfermo firman su acuerdo. Hay quien vivió toda su vida sujeto a un plan de vida riguroso sin llegarle la enfermedad que el médico le diagnosticó que podía llegarle. Que jamás le llegó, pero el diagnóstico lo dio un doctorado en medicina.

A esto el hombre muy pocas veces no hace uso de su obediencia. Pues si se citaran ramas que tienen que usar la materia todas verías respetadas: a un químico, a un veterinario, a un médico y también pon a un ingeniero y a un arquitecto, que meten una ciudad en un puño al mando de estos talentos. La firma que van presentando es obediencia y pagándoles despacio.

A este Escrito que de Arriba viene dictado, ¿cuánta obediencia y respeto le da el hombre, a lo que Dios siempre dice para que tú a tu espíritu lo conserves sin pecado?

Desperté, oí:

No es que te diga el Dictado que no te fijes del médico, arquitecto o veterinario, ya que el químico puede hacer, con un certificado, que a envenenarte no llegues.

Pero valora primero aquello que nunca muere.

Porque la carne, con cuido o sin cuidar, ahí la entierran los hombres.

Que, a veces, los entierran vivos porque nunca les llegará muerte. Y otras veces están muertos aunque movimiento lleven.


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Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VII