jueves, 4 de febrero de 2016

Yo soy el Pastor, y vosotros mis corderos

En Sueño Profético decían:

El que ama a Dios, con qué naturalidad y normalidad habla de Dios.

Dijo otro:

Yo aseguraría que, al que no ama a Dios, le extraña la actuación del que está enamorado de Dios. Yo vi cosas grandiosas en la Vida Pública de Dios. Yo vi a una pecadora que no conocía a Dios, y siempre iba preguntando por Él en los sitios que lo conocían. Esta grande pecadora, que su cuerpo tenía un gran valor para el pecado, despreciaba a todo el que la buscaba cuando de Dios le estaban hablando. Más de una vez la vi llorar, cuando entraba para el pecado y oía la Palabra “Maestro” de algunos que estaban hablando; ya se volvía para atrás, y adelante no echaba el paso; esto, dos o tres veces lo hizo, y se quitó del pecado; se colocó en una huerta, y siempre miraba hacia abajo; olía donde estaba el Maestro, para estar siempre a su lado; no le importaba la gente, cuando al pasar por su lado, le decían con malicia: ¿Ya no harás tú más pecados, y seguirás al Maestro, con la vida que has llevado…? ¡Amiga de Magdalena, la que también se ha quitado! Yo, cuando oía esto, me ponía acalorado, ¿por qué no podía ser el no hacer jamás más pecados, si antes no amaba a Dios y después ya había amado?

Otro día, iba yo atravesando un pequeño monte, que por allí pastaba mucho ganado, y uno que yo conocía tenía un pedazo arrendado al dueño de aquellos terrenos, y esquilaba los borregos. Éste, era pecador de escándalo. Pues no hizo nada más que verme asomar y se enganchó a mi cuello, y me decía hasta llorando: “He visto pasar al Maestro, y mi cara la agaché. Sentí un remordimiento, que hasta me lo notó Él. Tenía mis tijeras de esquilar en las manos, y estaba esquilando una cordera; la cordera estaba inmóvil; más bien muerta parecía; levantaba la cabeza, y la cabeza movía para el sitio que venía el Maestro, y yo, a la vez, sentía como si la cordera hablara, pero luego el habla, de mí salía: “No toques más las corderas, que con tus pecados las llenas. Las llenas de suciedad, y ésta te quiere avisar que allí viene su Pastor”. Fue sentir esta llamada, y yo pensar en no pecar. Hasta donde estaba esquilando llegó el Maestro y sus Discípulos”. Dijo el Maestro:

La cordera le ha hecho un servicio a mi Padre, y mi Padre aquí me manda. Tú hace días que querías verme, que esto es ser perdonado”.

Desperté, oí:

El amaba tanto a Dios que, ¿por qué no creer todo lo que de Él le dijeran?

¿Y por qué no creer que otro amara como él?

Dos noches estuvo sin sueño, pidiendo el Perdón a Dios.

Cuando esquilaba un borrego, sentía deseos de Dios.

Se le venía el pensar: “Teniendo esto en mis manos, no debía de pecar”.     

Había oído a muchos que el Maestro esto les decía: “Yo soy el Pastor, y vosotros mis corderos”.

O tenía que amar, o dejar de esquilar.

Como quería el Perdón, Dios hizo que lo sintiera cuando el cordero miró.

Todo el que ama mucho, no desmiente nada de Dios.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C4