jueves, 30 de junio de 2016

No da compaña la gente, sino el Amor a Dios

En Sueño Profético vi a un hombre sentado en un escalón al final de una calle, y pasaba mucha gente, y ninguno se acercó a este hombre que por su presencia era enfermo y necesitado.

Vi otro sitio, pero muy solitario, y la misma estampa, pero con dos hombres que le ofrecían amparo y cobijo. Lo levantaron con cuido, y él respondió llorando:

   –Es que me apretó el dolor del mal que no pueden curarlo. Iba a mis buenas casas, en las que me dan todos los días más de lo que me como y reparto a otros que están más necesitados que yo por no poderse mover de la cama.

Le preguntaron que dónde vivía, y señalando con la mano, dijo:

   –Allí, a la espalda de aquella casa, hay como un albergue en el que dejan vivir a todo el que vaya, hasta que el dueño el sitio lo necesite. Pero allí hay buena gente. Se reparten la comida que llevamos los que salimos todos los días. ¡Unos trece nos juntamos!

Desperté, oí:

No es la gente la que da
la compaña, es el Amor.

El que Amor a Dios le tenga.

El primero que se vio,
por el bullicio pasaba,
pero sin Amor a Dios.

El segundo era calle
sin que nadie pasara,
pero pasaron dos hombres
que Amor por dentro llevaban.

Le ofrecieron un jornal
como si les trabajara.

Fueron hasta la vivienda,
y el Amor en su compaña.

Era más verdad y calló
para que sufrir no pasaran.

Estos hombres allí vieron
lo que no se figuraban.

No da compaña la gente,
que la da el que a Dios ama.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C5