miércoles, 5 de octubre de 2016

El Amor de Dios va contagiando

En Sueño Profético hablaban del Amor de Dios. Decían que no faltando este Amor ya todo es pluma volando, y el Amor más se va agrandando. Que a veces, este Amor de Dios, va contagiando.

Dijo un espíritu de la Gloria:

     - Yo y mi mujer aprendimos tanto del Amor de Dios que todo el día estábamos hablando de él. Cuando oíamos hablar del amor de la Tierra, sin nombrar a Dios, sentíamos tristeza. Ya sigue la carne que Dios me unió con estas palabras:

     - Nosotros teníamos este Amor tan grande porque yo un día fui a buscar a Teresa de Ávila, porque oía hablar de ella y ya tenía un sentir mi cuerpo que era como enfermedad del Cielo.

Ya sigue Teresa de Ávila, hablando de su vida, cuando tenía cuerpo:

     - Yo conocí a éstos que Dios unió, y tanto querían oírme hablar que yo más ganas sentía de hablar de Dios, contando mis Éxtasis, mis pensamientos y el sentir que yo llevaba dentro. Que era un sentir que yo sabía que no me podía faltar, porque en mis Éxtasis a Dios le pedía la muerte antes de que el Éxtasis me faltara. Y cuando mi Dios me ponía, con sus Fuerzas, de rodillas, me decía:

     - Teresa, piensa que mientras tu espíritu esté en el cuerpo no te faltará el Arrobo. Cuando tu cuerpo muera el espíritu dirá cómo era el Amor que tu cuerpo vivía en la Tierra.

     - Este Amor para contarlo sientes alegrías y sientes penas. Este Amor a mí me servía para poner escándalo o silencio dentro del convento, pero en los Arrobos Dios me decía:

     - Si tu Amor es sentido como dices las palabras fuera del convento, más se hablará de lo que te pasa cuando cuentes que mi Poder saca el espíritu del cuerpo, y te pones de rodillas hasta que el Éxtasis termina.

     - Cuando yo oía esto me faltaban lágrimas para contarlo cuando el Éxtasis pasaba, porque con las lágrimas mi Amor a Dios más grande lo contaba.

Desperté, oí:

No sé si tengo fuerzas para decir y contar el Amor que tenía mi cuerpo.

Dicen que diga Teresa, que era lo que decía en el convento cuando contaba los Éxtasis.

Había veces que unas me ponían contenta, y otras sus palabras eran de fuego, pero un fuego que no era de Amor, que era de envidia y de no creer en Dios como creía Teresa. Digo mi nombre porque, aunque no tengo cuerpo, digo lo que me decía mi Dios cuando en el Éxtasis me dejaba, y decía:

     - Cuando digas mis Palabras di: Teresa de Ávila.

Estas palabras tenían un Amor que mi cuerpo sentía llamas de Lumbre de Gloria, que estas palabras yo las decía porque no podía callarlas, y en mi pensar decía:

“Ay Amor que siento llamas.
Ay Amor que la muerte no me llegue
si tu presencia no me falta.

Si tu presencia me faltara,
antes quema mi cuerpo
con llamas de la Tierra,
que no son llamas del Cielo”.

Yo quisiera que mi vida muchos la vivieran, pero que el Amor a Dios fuera como el Amor que sentía Teresa. Que es Amor de grande sufrir, pero es Amor que Dios te premia.

Mandan que diga mi nombre cuando el Mensaje termine:

Soy Teresa de Ávila.

Terminando el Mensaje estaba la carne de Dios me unió, en su despacho, con su cuerpo y su traje normal, como cuando copiaba los Mensajes, y estas palabras decía:

     - Ana cuídate, cuídate, que tu cuerpo le hace falta a tu espíritu, que Esto no puede estar oculto.


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Libro 65 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo V