viernes, 7 de octubre de 2016

No tocarle a Dios su Inmensa Sabiduría

En Sueño Profético hablaban de la Paz que Dios dejó y de la que dan sus Palabras, y de cómo las cumple el hombre. Decían:

La paz con pecado, no puede ser Paz, aunque veas quietud y silencio. Las Palabras de Dios, el que las reforme, está en contra de Dios; y si está en contra de Dios, ¿cómo Dios puede oírlo como hijo suyo o como representante que Él tiene en la Tierra para enseñar su Doctrina y quitar de pecar y perseguir al que puede hacer pecado; perseguir con su actuación de fiel lo que Dios tiene escrito y que, por siglos sin fin, por Dios no será reformado?

Dijo uno –que sólo a él se oía mientras duraba el arrobo–:

Se verá la verdad de estos Escritos, en que no dan razón al hombre que quita las Palabras que Dios Hombre dijo en la Tierra a los hombres. Se verá sin cambio el Amor al Prójimo. Se verá sin disculpa el pecado. Se verá que lo que Él une, no hay Palabras Aquí dichas, ni después dictadas, que pueda decir el hombre que Dios dice que se pueda unir a otra carne. El Perdón te lo recuerda cuando, en silencio o con eco, el Padre Nuestro lo rezas. Nada puede tener cambio, por haber un sólo Dios y un sólo Cielo.  

Desperté, oí:

En este arrobo hablaban
de las reformas que el hombre
Le quiere hacer a Dios.

Hablaban de la ignorancia.

El que crea que Dios acepta
que reformen sus Palabras,
¿se puede llamar creyente
de la Existencia de Dios?

¿Se puede creer que cree
que Dios dice lo mejor?

¡Hombre que grandes se creen,
y son líos de trapos!

¡Hombres que hablan de Dios
como si fuera un fracaso!

Dios manda arreglo y no rompe,
porque romper es fracaso.

Si tú quieres conservar
aquello que Dios te ha dado,
no lo tires ni lo rompas.

Intenta pegar pedazos,
¡y Dios mandará su ayuda!

Que puede que veas nuevo
lo que arreglo no tenía.

Si te retiras de Dios
y por el hombre te guías,
cada vez verás más roto
aquello que tú querías.

¡No olvides el Padre Nuestro,
y rézalo cada día!

¡Pero no aceptes palabras
de las que no dejó Dios escritas!

Que la reforma se hace
porque es peor lo que quitas.

Y si son Palabras de Dios,
¿quién podrá mejor decirlas?

Da miedo hasta decir,
que lo de Dios ya no sirva.

Hasta esto llega el hombre
con su cabeza vacía:

¡Llegar a tocarle a Dios
su Inmensa Sabiduría!


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C1