miércoles, 26 de octubre de 2016

La venganza es doble pecado

En Sueño Profético hablaba, en la Gloria, el Mando de Dios a los hombres para que el hombre dejara el pecado. Que de él tira el placer, la vanidad, la ira, la soberbia y la venganza. La venganza es doble pecado porque la venganza no te hará olvidar ni perdonar. Hay quien dice “yo perdono pero no olvido”, pues éste no perdona.

Dijo uno:

En este Arrobo se ha estado llamando al hombre y se ha estado rogando a Dios Padre por la salvación del hombre. Hablaban de un solo Dios que tiene tres Nombres y que se dio a conocer al hombre para que, al hablar de Dios, recordaran cuando bajó a Israel a vivir entre los hombres. Fue el mismo que Aquí está, en el Cielo, pero revestido en carne para poder utilizar la materia y sentir sed y hambre para que Lo vieran comer y caminar entre los hombres. Por eso Él se dice Hijo y Él nombra al Padre, para que piensen que antes estaba la Gloria con el mismo Dios, sin carne. Luego, se fue a ser uno pero se lleva el Cuerpo de carne y vive el Hijo en el Padre, porque era el mismo Cuerpo que había hecho el Padre, sólo Él, su Poder y su Mando. Pero el que trae Aquí, si Él va a hablar de cuando vivió de carne, se ve tal y como vivió siendo Dios. Ya es el mismo Dios cuando su espíritu manda, aunque no digas Hijo, aunque no digas Padre, porque al espíritu dices “Dios, tres y uno”. Por eso en estas alabanzas y ruegos que los espíritus han hecho por los hombres a Dios Padre han nombrado a Dios Hijo.

Dios Padre es Creación, Dios Hijo es Testimonio y Dios Espíritu Santo es el Poder que trae a la Gloria para llevar Enseñanza a los hombres mientras vivan con materia.

Desperté, oí:

¡Qué descripción dan en la Gloria de Dios, uno con tres Nombres!

Pero cada nombre enseña cuando tú Lo nombres.

Para que pienses y quites de tu mente, al decir estos tres Nombres, la oscuridad que tuvieras.

Para que des las gracias a los que ruegan en la Gloria.

Que tu oración se una al pedir misericordia.

Que si ellos ruegan por ti, tú vives sin perder la Gloria.


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Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VII