jueves, 26 de enero de 2012

Estas lágrimas son cirios alumbrando a Dios


En Sueño Profético decían:

¡Qué contento da a esta Gloria el “¡Dios mío!” de un pecador que mucho pecó y ya no peca! Éste, las lágrimas que derrame, son cirios alumbrando a Dios.

Ya sigue hablando Agustín:

Yo, como eché tantas lágrimas,
aunque llanto no me vieran,
cuando alguien habla de pecadores,
sin pedirle a Dios por ellos,
por tenerlos apartados
como cosas sin remedio,
yo tengo que aconsejarles,
y si cogen mi consejo,
seguro que rompen en llanto,
y una vez que al Cielo miren,
ya han despreciado el pecado.

Yo creo que el que no peca,
no se ocupa del que está pecando,
no le hablan de este Dios
que siempre está esperando
el ruego del que no amó,
porque no puedes vivir,
amar y pecar.

El Amor y el pecado
tienen gran separación:
pecado, demonio;
Amor, Dios.

Nunca serán amigos,
los pecadores que están pecando,
de Dios.

Yo, cuando sentí a Dios
contestarme a mis ruegos,
tuve que decir: ¡Dios mío!
yo esto no lo merezco.
Pero antes de la frase
yo pudiera terminar,
me daba miedo y decía:
¿Esto será yo insultar,
tanto como Lo he llamado?

Cogí un papel escrito
que yo tenía guardado
con promesas que me hice
por si fuera perdonado.
Tuve que romper el papel
de ver un cambio tan pobre.
Tuve que sentir vergüenza
si eso creía pagarle.

Desperté, oí:

Siempre me faltan palabras
para hablar bien de este Dios.

¿Cómo dirías lo que sientes
cuando oyes el Perdón?,
que no sabes si es tu mente,
de la gran transformación,
o es momento de la muerte?

Esto lo pueden ver todos
los que pecaron y ya no pequen.

Yo creo que el que no peque,
debía de ir buscando
al que pecado está haciendo,
para que pecado deje.

Pero el que esté pecando,
cuando oiga hablar de Dios,
tiene que dejar pecado.

No puedes oír de Dios decir
que te está esperando,
y tú oír este oír,
y luego hacer pecado.

Cuando sientas a este Dios,
es que has querido buscarlo,
porque Dios contestará
si tú antes Lo has llamado.

Si escribes en papel,
con Amor y haciendo un cambio,
por mucho que tú Le des,
quedarás avergonzado.

AGUSTÍN DE MÓNICA


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 95-96-97