domingo, 21 de abril de 2013

Dos en uno

En Sueño Profético hablaban de la elevación del espíritu, de la pesadez del cuerpo, de lo que quiere el espíritu, de lo que te obliga el cuerpo. Comparaban dos en uno. Decían:

¡Dios Poderoso, que recibes al que Te pida!

¡Dios Poderoso, que desprecian lo que envías! Que era para que lo recibieran –y es poco– de rodillas.

¡Dios Poderoso, que el hombre tu Presencia oculta! Sin pensar que sin tu Presencia, la vida ya no era vida.

¿Qué haría el Sol si Dios quitara la vida y al aire dejara sin movimiento, como al cuerpo cuando entierras en sitio que su nombre es cementerio; y las plantas, la arboleda, los mares quietos, en silencio, porque ya no hubiera vida?

¡Dios Poderoso, que das Vida donde ya no hay cuerpo!

Desperté, oí:

Tienes que amar a Dios
para comprender estas Palabras
que repiten a espíritu y materia.

¡Dios Poderoso,
que das Vida
donde ya no hay cuerpo!

¡Dios, que mandas que suba el agua
y luego la mandas del Cielo!

¡Mares con Vida de Dios,
que luego dan vida a cuerpos!

¡Y las olas se desamarran
y, con fuerza,
quieren acercarse al Cielo!

¡Cielo que cubre la Tierra
de lo malo y de lo bueno!

Lo bueno se trae Aquí.
Lo malo queda en la Tierra
sin poder Aquí subir.

Que no te extrañe el leer
que Dios no entra en su Gloria
a aquél que no quiera a Él.

Igual que da Libertad
para que Le des desprecio,
igual deja Libertad
para el que quiera el Infierno.


***

Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 158-159-160