jueves, 25 de abril de 2013

El cuadrero

En Sueño Profético decían:

“No debes de preguntar lo que sin respuesta, respuesta tú ya estabas viendo”. Estas palabras y otras las oí yo de un cuadrero que estaba en la finca que yo trabajaba. Este hombre, cuando llegaba la aceituna u otra recolección de verano –cuando terminaban su destajo–, hacían corro al lado del cuadrero, que lo mismo echaba mano a encender lumbre, ir por leña, o ayudar a las matanzas, ya que  eran bastantes cochinos los que allí se mataban. Este hombre era de un pensar en Dios tan grande, que siempre estaba comparando lo Divino con la nada. Él decía mucho esta frase: “Nunca preguntes preguntas que respuestas tú ya sabes; y nunca te fíes de aquel que del bueno mal te hable, porque si habla del bueno, ¿de quién esperas que calle?

Yo nunca hice preguntas a nadie. Yo juntaba el decir con el hacer. “Yo creo en Dios”, muchos han dicho esto delante de mí; yo pensaba y observaba: ¿Cumple sus Leyes?, cree. ¿No cumple sus Leyes?, no cree. Y ya, si dice que ama, tiene que hacer oración de la noche a la mañana, visitando el hospital y yendo de cama en cama, diciendo: “Di lo que quieres, que yo pido y Dios me manda”.

¿Qué pregunta cabe aquí?, que la respuesta Dios manda. Hay cosas que se están viendo tan claras, que si hicieras la pregunta, seguro que molestabas. Esto lo piensa un cuadrero, que siempre estuvo en la cuadra, entre caballos y bestias, pero que Dios lo guiaba; sabía quién era el bueno, sin que respuesta escuchara.

Desperté, oí:

Sabía el que creía,
aunque a Dios no Lo amara.

Sabía, porque cumplía,
por temor, estas Palabras:
Los Mandamientos de Dios
cumplía, pero no amaba.     

También sabía sin pregunta
y sin respuesta escuchada,
al que iba al hospital
y la lepra le tocaba,
que amaba tanto a Dios,
que contagio no llegaba.

Este cuadrero decía,
y, bien, no se equivocaba,
que hay cosas tan a la vista,
que se saben sin palabras.

El que conocía al cuadrero,
sabía que a Dios amaba,
porque siempre hacía servicio
al que al cuadrero buscaba.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pág. 238-239-240