jueves, 7 de abril de 2016

El que ama, el que no ama, o el que no cree

En Sueño Profético decían:

Si el espíritu marcara la carne y se viera como el color de los ojos –negros o azules–, poca carne llevaría la señal: “Yo amo a Dios y estoy a lo que Él me mande”.

Esto, para comprenderlo tienes que creer, aunque no Lo ames. Pero amando, ya comprendes y tú mismo vas marcando: el que ama, el que no ama, o el que no cree.

Dijo uno:

El que cree y no ama, Lo nombra ofendiéndolo más que alabándolo.

El hombre, al hombre, aunque no lo quiera, le hace reverencia y lo respeta.

El hombre culpa a Dios de todo, en la Tierra. Pero no piensa que si Dios contestara al hombre, todo sería poco, lo que el hombre de Dios viera.

Dios nos contesta al hombre, Dios da la espalda y ya premia.

Desperté, oí:

El hombre respeta al hombre
cuando sabe que puede recibir daño
en su cuerpo o en la cárcel.

Cuando retira respeto,
el mal a escondidas hace.

El hombre Le pide a Dios
con desafío y ofendiéndolo,
más veces con los brazos
y la mirada en el Cielo.

Si amara o en su Poder creyera,
la muerte la desearía
antes de perder su Reino.

Si el hombre creyera en Dios
y pensara en este Cielo,
no moriría de enfermedad.

¡Moriría de remordimiento!


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - C5