miércoles, 6 de abril de 2016

Para Dios no hay secretos

En Sueño Profético decían:

Dijo Dios Hombre en un Sermón:

Ofende más a mi Padre el que desprecia mis Palabras, que el que no las busca. El que no las busca, puede que no sepa el valor que tienen. El que las desprecia, es el espíritu diabólico que está en contra de Mí, por ser Yo el Rey de mi Reino, que soy el que mandó amurallar con sus mismos espíritus malignos el recinto del Infierno. Yo soy el que deja Libertad mientras hay espíritu y carne, que con esta Libertad no pueden llegar a espíritus que Me amen, pueden llegar a tentarlos, pero pronto se verán arrastrados sin poder llegar a tocarlos. El Amor a mi Gloria hace de separación de los espíritus que no cumplen mi Obediencia, como no cumplió Luzbel. No hay pecado mayor, que dar desprecio –el que sabe que soy enviado por mi Padre–, cuando Yo quisiera dar mi Gloria”.

Y terminó el Sermón con un silencio que sólo se oía arrastre de pies, caras tristes y caras de hipocresía en algunos. Los tristes y los hipócritas Lo esperaban a la salida, y Le hicieron esta pregunta los hipócritas:

   –Entonces, ¿Tú nos aseguras que los espíritus diabólicos no llegarán a los que Te oímos?

Contestó el Maestro con más fuerza que habló en el Sermón:

   –¡Vete y huye de mi Presencia por Mando de mi Padre, porque el espíritu del mal que llevas dentro quiere hacerme frente para derrotar mi Sermón, que es Gloria dicha en Palabras! Yo he hablado del Amor, no de oír. ¡Vete, y nunca más te harán servicio tus oídos para ir en contra de mi Enseñanza!

Desperté, oí:

Nunca más volvieron a oír los oídos de los hipócritas.

Para que más se cundiera que era Dios el que andaba en la Tierra, oían las palabras, y para las de Dios, sordos eran.

Eran un grupo de hipócritas que seguían al Maestro sin amarlo.

Oían cualquier Sermón,
y siempre censura había.

No seguía el Amor,
seguía la hipocresía.

Dios los aparta con fuerza,
cuando los tristes salían.

Los tristes se ponían tristes
de pensar el mal que hicieron
antes de oír las Palabras,
que fue en el monte, primero.

Los hipócritas salían
con caras sin conocerlos.

Sin conocerlos el hombre,
para Dios no había secretos.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C6