sábado, 2 de abril de 2016

Señor, yo hago lo que Tú quieras

En Sueño Profético decían:

El que crea, estas Palabras se hacen dueñas de su cuerpo, y ya en si mismo no manda. El que crea cómo son, ya intentarán retirarlo los espíritus guardianes del mismísimo diablo.

Unas veces te hará ver que sin servir a Dios también puedes amarlo; que tu tiempo se ha cumplido; y ahora, que otro coja el cargo. Te hace vivir contento; y otras veces, amargado.

Pero si tú dices: “Señor, yo quiero que el Mando tuyo lo sienta, que yo no mande en mi acción, ni tampoco en mis palabras. Señor, yo estoy muerto si no siento tu Mando y tus Palabras. Si no vivo para Ti, ¿dónde pongo mi esperanza para el día que a mi cuerpo la losa tape la cara? Yo quiero servirte a Ti, día, noche y madrugada. Y siempre mirado al Cielo, como el pastor la montaña”.  

Dijo uno:

Es que al servir a Dios, tienes que poner primero el servicio que Él te dio, sin excusas ni protestas. Dios nunca le dirá al hombre que su brazo llegué más allá que la medida que tiene, ni que se ponga los zapatos si pies no tiene.

Dios, en todo el Mando que da, piensa que aquél puede. Pero tiene que estar siempre en tu espíritu y tu lengua: “Señor, yo hago lo que Tú quieras”.

Desperté, oí:

Si Dios te ha elegido,
a nada dile que no.

Y si tú te ofreciste, di:
“Señor, tu Mando lo espero yo”.

Al Elegido le manda
para que Mando reparta.

Y el que a Él se ofreció,
tiene que poner primero
el Mando que le dé Dios.

El Elegido tiene que mandar con fuerza.
Y el que a Dios se ofreció,
en su alegría y sus actos,
tiene que dar la respuesta.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - C7