miércoles, 27 de abril de 2016

La Obediencia del Maestro

En Sueño Profético hablaban de la alegría que da el espíritu cuando está en contacto con el Cielo, cuando todo lo espera de Él, y cuando todo lo da al Cielo. El espíritu que a Dios Le pide y de Dios todo acepta, tiene alegrías hasta en las contrariedades, porque pronto las olvida para seguir pidiendo al que todo lo confía.

Dijo uno:

Cuentan Aquí, en Gloria, que yendo un día tres de los Discípulos con caras contentas y el habla con alegría, se acercaron dos que su vivir daba envidia al que poco practicaba las Palabras que ellos llevaban mandadas por su Maestro. Ya se atrevió uno a decirles:

   –Hemos observado varios días, que siempre vais contentos. ¿Es que siempre es el Mando del agrado de vosotros, o es que ya Él se encarga de que no os falte contento?

Uno de los tres contesta, y dos aceptan por dentro:

   –Es que nuestro contento es del cumplir que Le hacemos al Maestro. Pero hay días que llevamos grande sufrir de ver los que no Le cumplen, o de referir los que no Le cumplieron. Y ya, cuando nos cansa la carne, es cuando vemos desprecio, aunque Él no esté delante. Pero Él todo está viéndolo. Pero llamamos al Padre o miramos al Cielo, y algo nos sale del cuerpo, que nos ponemos contentos, porque el Espíritu de Dios nos borra los sufrimientos. Cuando tenemos días tristes, hablamos de lo que Él nos ha ofrecido cuando vuelva Allá, a su Reino, y ya quitamos sufrir, y nos verán llorar, pero con alegría del Cielo.

Desperté, oí:

Cinco siguieron andando,
en vez de tres como iban.

Estos dos hombres tenían
de todo, de sobra,
pero la Paz no tenían.

Muchos, a ellos envidiaban,
y ellos muerte pedían.

Oyeron a los Discípulos,
y a eso, vivir decían.

¡Qué Paz tenían
delante del sufrimiento,
que importancia no veías!

¡Qué acuerdo en las palabras,
obedeciendo al Maestro!

Era el espíritu que llamaba
y vivía para el Cielo.

Llamaba por el camino,
cuando iban sin Maestro.

Cuando volvían sin el Mando,
porque ya lo habían hecho,
ya se olvidaban del Padre
y adoraban al Maestro.

Estos dos ya no dejaron
el contacto del contento.

Les entregaron en su ayuda
lo que los tres no pidieron.

Pero ellos ya vivían
la Obediencia del Maestro.


***

Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C4