viernes, 15 de abril de 2016

Puede ofender más a Dios el que juzga, que el que está pecando

En Sueño Profético decían:

“Puede ofender más a Dios el que juzga, que el que está pecando”.

Estas Palabras las dijo Dios de Hombre en la Tierra, a unos que delante de Él juzgaron.

Yendo un día con el Maestro de un pueblo a otro, tuvimos que acampar unas horas para el descanso de algunos. Y ya el Maestro hacía la Enseñanza. Que Él ya hacía que se cansaran para que más les llegara la Enseñanza en el reposo del descanso.

Había un hombre sentado en una piedra, con sus manos en la cara, tapando su rostro. Fue uno de los Discípulos a levantarse para preguntarle quién era, y los demás gritaron para decirle más rápido la vida que hacía aquel hombre, que no merecía el ir a preguntarle. Se sentó el Discípulo en el ribazo –como todos estaban sentados–, y dijo el Maestro:

   –Tomás, ven y di a lo que querías venir a Mí, que Yo lo sé, pero éstos no –y señaló con su Brazo, que ya era bendecir.

   –Quería decirte, que si Tú mandabas, yo iba; le quitaría las manos de la cara y lo traería a tu Presencia para que Te oyera, y puede que ya siguiera tus Pasos y no viviera lo que hasta hoy está viviendo.

Aquí fue donde dijo el Maestro:

   –Puede ofender más a Dios –que está ahí oyendo– el que juzga, que el que está pecando.

Y siguió diciendo:

  –Uno está pecando, y muchos no quieren que “uno” se salve, y ya estáis pecando, porque vais en contra de mi Mando. Yo he bajado a la Tierra para perdonar y buscar al que está pecando. Si vosotros no lo hacéis, no estáis conmigo y ya estáis pecando. Si a ese pecador lo veis sin estar Yo con vosotros, no os acercáis, por juzgarlo. Aprended a no juzgar, y no seréis juzgados.

Desperté, oí:

Muchos de los que habían seguido al Maestro,
habían pecado también.

Y a esos mismos Dios les dice
y les hace comprender:

¡Que si Yo hubiera juzgado,
estaríais juntos con él
!

Después de guardar silencio,
a Tomás le dice: “Ve,
y si quiere tu cobijo,
ya también el mío es”.

“Trabajad sin descanso
donde podáis sanar,
porque el sano
ya está sano”.

“Y el perdonado,
no necesita del hombre su perdón,
porque mi Padre,
ya en Mí lo ha dado
”.

Este pecador llevó a muchos
que con él habían pecado.

Él los seguía a distancia,
con miedo y avergonzado.

Se sentó en aquella piedra,
esperando
que alguien cobijo le diera.

Si juzgas, acuérdate
del que se sentó en la piedra.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - C4